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Andy Warhol inmortalizó a Marilyn Monroe con su estilo pop-art.

La madrugada del 5 de agosto de 1962, Marilyn Monroe ingirió un bote de barbitúricos. Amaneció sin vida y Estados Unidos perdió a su diva más simbólica. A cambio nació el mito, el icono, el legado. Han pasado 53 años sin Marilyn y sigue estando presente en la cultura moderna, un escenario imposible de explicar sin la presencia de la estrella más hegemónica de Hollywood. La melena rubia de Norteamérica, que veía en ella el esplendor del país, aunque también representase sus lados más oscuros. Y es que en los 36 años que la tentación rubia vivió, experimentó lo mejor y lo peor de la época.

Uno de los episodios más oscuros que tuvo que pasar Monroe fue su infancia. Sin padre conocido, su madre no pudo hacerse cargo de ella por largos periodos debido a problemas psicológicos. Marilyn Monroe creció entre padres adoptivos y casas de acogida. Nunca encontró la estabilidad necesaria, además tuvo que vivir experiencias traumáticas que incluyen, como bien contó en su madurez, un abuso sexual por parte de uno de sus tutores. Así se empezaba a forjar ese halo de juguete roto que compartió con la imagen de estrella durante el resto de su vida.

De aquella chica que se casó con 16 años y buscó ser la esposa perfecta de la época poco quedó en cuanto se dio cuenta de su vocación. Dejó a su primer marido, James Dougherty, militar y posteriormente policía, y buscó su sueño como tantas otras aspirantes a actrices en un mercado como el de la gran pantalla. Pasó varios años tratándose de hacerse un hueco en el mundillo, saliendo en pequeñas producciones y recibiendo críticas dispares por sus actuaciones. Además se retocó ligeramente su nariz. En algunos de esos papeles ya se podía ver a la Marilyn Monroe que pasaría a la historia y dejaría para siempre su sello en la melena corta y rubia platino.  Películas tan emblemáticas como Con faldas y a lo loco, Los caballeros las prefieren rubias, Niagara, Cómo casarse con un millonario o Eva al desnudo marcaron la carrera de Marilyn, que llegó a trabajar con actrices como Lauren Bacall, actores como Gary Grant y directores como Billy Wilder. Además mantuvo amistad con grandes mitos de la historia de la cultura norteamericana, como su buen amigo Frank Sinatra.

De ahí al cielo, ya que nada podía parar a Marilyn Monroe. Tanto es que, más de 50 años después de su muerte, la actriz sigue presenta en la sociedad. Icono de esa cultura llamada pop, a la que su multi retrato de Andy Warhol representó a la perfección, Marilyn hizo eternos los segundos que el aire levantó su falda en aquella rendija de metro. Una escena inolvidable de La tentación vive arriba, da igual que no haber visto la película, todo el mundo conoce esa imagen. De la misma manera que todo el mundo reconoce cómo baila con las piernas Elvis, aunque nunca lo haya escuchado. Es lo que tiene ser un icono, se sobrepasa el umbral de estrella para llegar a la eternidad. Pero no todo fue feliz durante su época dorada, muchos son los ejemplos de cambios de humor o ataques de ansiedad que la actriz sufriría durante los rodajes.

Su vida privada fue tan importante como su carrera como actriz. El fenómeno de sensualidad que siempre le acompañó –con el que se sintió cómoda y promovió- tuvo su auge con los diferentes matrimonios y relaciones que Marilyn experimentó. Algunos de ellos incluso la relacionaron con John Fitzgerald Kennedy, así como con su hermano, Bobby Kennedy. Al primero de ellos le dedicó su histórico “Happy birthday, Mr President”. Tuvo tres matrimonios, tras el ya mencionado Dougherty, Monroe se casó con toda una estrella del deporte, el jugador de béisbol Joe DiMaggio. Juntos protagonizaron la pareja del momento, aunque debido a los celos del deportista, que incluyó maltratos, sólo estuvieron casados meses. Sin embargo para ella siempre fue “el amor de su vida” y siguieron viéndose hasta la muerta de Marilyn. Fue el propio DiMaggio quien se encargó del entierro. Su último marido fue Arthur Miller, dramaturgo y guionista en Broadway, todo un erudito para la imagen pública que también fue utilizado mediáticamente como una de las parejas de moda. Se separaron un año antes de la muerte de la diva.

El último gran rasgo de mito fue su muerte. Ya que siempre quedó la duda de que si aquella madrugada del 5 de agosto de 1962 fue la propia Marilyn Monroe la que decidió ingerir una cantidad mortal de barbitúricos, o fue obra de su psiquiatra, el doctor Greenson. Él fue quien encontró, supuestamente, el cuerpo sin vida de la actriz. Nunca se supo que pasó en realidad, aunque la versión oficial apuntó al suicidio al no poder demostrar otra cosa. Todavía a día de hoy se siguen publicando artículos y teorías sobre la muerte de Marylin Monroe. Un misterio final para elevar aún más el mito de la tentación rubia.