Marina Núñez 'El Fuego de la visión'

Marina Núñez ‘El Fuego de la visión’

La sala en penumbra está vigilada por un hombre extraño. Gira y gira, dando vueltas sobre sí mismo. Tiene brazos de más, piernas de más. Su cuerpo es una extraña conjunción de líneas artificiales. Algo en él nos resulta familiar. Le hemos visto antes, en alguna otra parte. Pero no era así. Le recordamos hermoso. De hecho, es el hombre más hermoso de la historia de la Humanidad, porque él es Vitrubio, el hombre canónico que dibujó el maestro Leonardo da Vinci a finales del siglo XV. Dos piernas y dos brazos en un cuadrado encerrado en un círculo perfecto. Hablamos de proporciones y formas armónicas. El renacentista ideó al hombre ideal siguiendo una tradición pictórica del clasicismo grecolatino. Pero esta belleza clásica se fundamentaba en las formas canónicamente perfectas; es decir, social y culturalmente establecidas como perfectas. Este hombre de Vitrubio que nos vigila desde que ponemos un pie en la sala, girando y girando, está bien lejos de ese ideal de perfección.Y aún así resulta hermoso. Algo en él hace que no podamos dejar de mirarlo. Quizá lo hagamos precisamente por eso, porque es extraño, porque es todo lo contrario a nuestro ideal de perfección. Y nos gusta.

Durante toda su carrera, que ya se remonta varias y prolíficas décadas, la artista Marina Núñez (Palencia, 1966) ha reflexionado sobre la identidad del individuo, sus posibilidades y deformaciones, su enfrentamiento al grupo, su otredad, todo ello aderezado con toques de feminismo, poshumanismo, ciencia ficción… Es una artista de temáticas y formas profundamente originales, aunque eso la convierta en una rara avis del mercado artístico, con obras espectaculares y perturbadoras no pensadas para el salón de ningún coleccionista. Durante la visita a El fuego de la visión, la exposición que trae a la sala pública Alcalá, 31, en Madrid, uno se siente sobrepasado por la monumentalidad. Para la artista, esta sala ha supuesto una gran oportunidad. No sólo por traer su obra a la capital, que hacía muchos años que no visitaba; sino porque el espacio de Alcalá, 31, aunque complicado, ofrece muchas posibilidades. Ella, junto con el comisario de la muestra, José Jiménez, articularon una exposición integrada por obras de las últimas dos décadas que se han podido ver en otros espacios como la Catedral de Burgos o la Capilla del Museo Patio Herreriano.

La sala madrileña se opacó desde fuera para sumergir las obras en la penumbra necesaria. Nos encontramos ante una magnífica colección de infografías, pinturas, videoarte editado en 3D… En vez de compartimentar la sala en pequeños cuartos oscuros, distribución que habría favorecido al visionado de los videos, la artista y su comisario se decidieron por un espacio diáfano que realzase el carácter instalativo de la propuesta y a su vez acentuase su diálogo con la arquitectura del espacio. Sólo una obra, Ciudad Fin (2009), está encerrada en un cuarto. Al entrar en él, bañado por la azulada luz negra, nos encontramos en medio de una ciudad en ruinas, uno de esos escenarios apocalípticos tan explotados por la cultura popular de nuestros días. Hay que prestar atención, insiste Núñez, porque entre los escombros quedan restos de lo que un día fue vida: hombres ahorcados, extrañas figuras sin rostro, un monstruoso hombre de Vitrubio deforme y gigantesco encerrado en un edificio…

Marina Núñez 'El fuego de la visión'

Marina Núñez ‘El fuego de la visión’

“Nadie cumple todos los requisitos para ser canónico. Por suerte. Que no queramos aceptar conscientemente nuestras cuotas de `monstruosidad´ física y psicológica sólo consigue fracturarnos”. ¿Y qué es lo monstruoso? El imaginario de Marina Núñez nos explica que monstruoso es todo aquello que se sale de la norma estética, de lo comúnmente acordado como hermoso. Una idea que la artista también ha tratado en muchas de sus obras centrándose en la tiranía de los estereotipos femeninos. Las mujeres de sus pinturas son perturbadoras, dolorosas, y aun así, hay algo muy bello, más bien poderoso, en todas ellas. Un mensaje de rabia y de inconformismo, de exaltación de la existencia individual.

La estética de Núñez es disconforme con la norma. Ella encuentra la belleza esencial en lo grotesco, recuperando un discurso, el de las luces y las sombras, que se empezó a trabajar allá por el Romanticismo, cuando Víctor Hugo demostró que un engendro deforme puede ser la más noble y preciosa de las todas las criaturas de la Tierra. Las imágenes anatómicas que se muestran en El fuego de la visión mutan en otras realidades. Los ojos que ocupan la mitad de la planta baja -de amigos y desconocidos, de artistas y de galeristas- se van deshaciendo para adoptar nuevas formas, orgánicas, irreales, mundos nuevos y distintos, como distinto es este mundo cada vez que una mirada diferente se posa en él.

Nuevas tecnologías

Marina Nuñez 'El Fuego de la visión'

Marina Nuñez ‘El Fuego de la visión’

Marina Núñez es, en esencia, una gran pintora. Se trata de la disciplina que subyace en gran parte de su producción; también en la mayoría de las piezas que podemos disfrutar en El fuego de la visión. Todas sus obras transpiran plasticidad. Aunque en las últimas décadas haya trabajado fundamentalmente con medios digitales, la esencia es la misma. Núñez pinta, sólo que en lienzos digitales y con algoritmos informáticos. Ha sabido conjugar las técnicas posmodernas a los temas clásicos. “A mí me parecen fascinantes las posibilidades que ofrecen los diferentes softwares de efectos y 3d. Me vienen muy bien para mis temas”, explica Núñez. El uso del ordenador no convierte el arte en algo más sencillo, no corrige las fallas de un artista mediocre; es más, la artista explica cómo resulta incluso más laborioso, pues además de domar a la persona, ha de domar a la máquina.

La tecnología, para Marina Núñez, no es sólo una herramienta de trabajo; también es uno de los temas fundamentales en muchas de sus obras. Bebe de distintas fuentes, tanto científicas como literarias, para reflexionar acerca de la irrupción de la tecnología en nuestras vidas, y hasta qué punto ésta las ha modificado. “Hay mucha inercia, muchas ganas de aceptar las maravillas tecnológicas que mejoran o hacen viable nuestro cuerpo sin sentir que cambien en absoluto eso llamado `esencia´ humana. Porque nos empeñamos en considerar al cuerpo como un simple receptáculo, como un accesorio. Pero esa actitud no puede durar, es absurda”, opina Núñez.

Algunas de las ideas clásicas, por ejemplo, de la ciencia ficción, están presentes en obras de El fuego de la visión. El poshumanismo, la idea del hombre máquina, del hombre creado… jugar con la ciencia, jugar a ser creador, desde que Frankenstein se atreviese a jugar con la vida de los muertos, da lugar a extrañas criaturas. Núñez adora a estas criaturas. Cobran vida fuera de los límites de nuestra sociedad. Rechazamos los experimentos que nos han salido mal. No nos hacemos responsables de los desastres de nuestro afán desmedido de conocimiento y del poder que éste otorga. Los monstruos de Marina Núñez, como esas sirenas a medio hacer que nos reciben a la entrada de la muestra, son los monstruos del sueño de la razón.

El mercado del arte

Marina Nuñez 'El Fuego de la visión'

Marina Nuñez ‘El Fuego de la visión’

Algunas de las obras que Marina Núñez ha traído a Madrid, y que durante el verano viajarán al Artium de Vitoria, han sido expuestas en grandes espacios públicos. Organismo (2011), una de las primeras videoinstalaciones que nos reciben al entrar en la exposición, se proyectó previamente sobre la cúpula del centro Niemeyer en Avilés. Los ojos, otro de los elementos clave en la iconografía de la obra de Núñez, flotan por lo que parece un mapa digitalizado. Echan un vistazo a la utopía del hombre, y después se marchan. Obras como ésta son las que hacen de ella una artista única. Pero son, a la vez, uno de sus hándicap. ¿Qué es más importante: crear o vender? Marina Núñez es consciente de las particularidades de sus obras, de que sus formatos y dimensiones nos las hacen “vendibles”, sobre todo en un mercado artístico centrado en la pintura y la escultura.

“Lo más complicado, por novedoso, por dimensiones, por mantenimiento… solo lo compran las instituciones públicas o unas pocas decenas de coleccionistas poderosos”, explica Marina Núñez. Muchas de sus obras forman parte de las colecciones de grandes centros públicos e instituciones como el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, el MUSAC de León, el National Museum of Women in the Arts de Washington D.C., la Fundación Botín, la Fundación Coca-cola, la Fundación La Caixa, la colección IFEMA, y múltiples ayuntamientos y diputaciones autonómicas. Esto en época de bonanza. Pero, ¿qué pasa cuando llega la crisis económica? “Si el sistema público del arte ha sobrevivido es porque todos, cada uno desde nuestra esfera, hemos seguido trabajando gratis, o casi gratis. Un voluntarismo loable, pero también peligroso: con el poco afecto y la poca perspicacia con que los políticos atienden al arte, no es extraño imaginar que pueden agarrarse a esta forma precaria e injusta de seguir existiendo para justificar que las inversiones sigan siendo patéticas”, denuncia la artista.

Marina Núñez es profesora de arte en la Universidad de Vigo. De esta profesión proceden los ingresos que le permiten, por una parte, vivir, y por otra, seguir creando. Además, la galería vallisoletana La Gran, dirigida por Pedro Gallego de Lerma, tiene a la venta algunas de sus pinturas y videos. De esta conjunción viven la gran mayoría de los artistas contemporáneos que ella conoce. “Muchos lo dejan, y aunque la causa única no sea económica, qué duda cabe de que es un factor fundamental. Sin duda algunos habrá que vendan lo suficiente. Pero es obvio que el exiguo mercado del arte en España no permite que esos casos sean habituales”, sentencia. Una situación complicada que en ocasiones obliga a relegar lo que ellos consideran su verdadera profesión, el arte, al tiempo de ocio, hábito que, a la larga, resulta perjudicial para la calidad de las obras y para la calidad del discurso artístico español en general, sustentado, según parece, en un sistema anticuado y precario.