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Imágenes del viaje cedidas por Miguel Ángel Cagigal.

Miguel Ángel Cagigal no tiene barba blanca, ni larga, ni panza, ni va vestido de rojo y blanco siempre, o de verde y blanco, según la tradición, pero para algunos niños nepalíes, él y dos de sus compañeros, se convirtieron hace justo un mes en auténticos Papas Noel. Llevaban un ‘camioncillo’ y no tenían el glamour de los renos del hombre de Finlandia pero si el mismo objetivo, ayudar a hacer felices a todos los niños que pudiesen, con lo que pudieran. En Nepal no se cree en Papá Noel, salvo en las grandes ciudades, algo más occidentalizadas, pero eso era lo de menos, lo importante para estos intrépidos voluntarios era que la felicidad que se vive en Occidente en aquellos días salpicara, aunque solo fuera un poco, un lugar olvidado y arrasado hasta por la madre naturaleza.

Todo comenzó como un simple gesto para intentar mejorar la vida de unos pueblos sumidos en el atraso y la pobreza que asola el país, pero poco a poco estos cuatro improvisados Santa Claus fueron consiguiendo recursos para dar una gran ayuda a esos ciudadanos que tanto les habían dado en sus tiempo de voluntariado, eso sí, la temática navideña salió de casualidad. “Nos apetecía celebrar antes de irnos una fiesta de despedida para mostrar nuestro agradecimiento para con ellos. Justo dio la casualidad que tres voluntarios dejábamos Nepal a finales de diciembre y por eso surgió la idea de usar la temática navideña para la fiesta. Así empezó todo, en realidad iba a ser una especie de fiesta de despedida en uno de los pueblos”, cuenta Miguel.

Pero en poco tiempo la improvisada Navidad fue creciendo hasta convertirse en todo un reto para los jóvenes que pensaron en “hacer algo más grande” aunque siempre dentro de las limitaciones que tenían al no contar con un apoyo claro ni institucional ni de grandes ONGs, no tenían tampoco duendes que trabajaran por ellos, solo sus manos y lo que su ingenio les ofreciera. “Al convivir allí con ellos sabíamos cómo viven la gran parte de las familias de las zonas más afectadas por el terremoto: en casas temporales de bambú y metacrilato al lado de las destruidas. El objetivo final de la acción era intentar que el mayor número de niños posible pasara un poquito mejor invierno”, explica el voluntario español. Querían ayudar a los niños de los pueblos remotos del país a sentir que se puede ser feliz pese a la dureza de sus vidas, aunque sea con un poco más de ropa con la que abrigarse.

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Imágenes del viaje cedidas por Miguel Ángel Cagigal.

Así que ni cortos ni perezosos el grupo internacional de voluntarios, formado por un español, una mexicana y un canadiense se pusieron manos a la obra para que su acción llegase lo más lejos posible, que ningún niño olvidado se quedase sin su recuerdo de Navidad. Empezaron a moverse por las redes y pidieron a todos sus amigos y conocidos algo de dinero para poder costearse los gastos de la acción, un Santa Clauss solidario en toda regla. “Pedimos a nuestros amigos y familiares de los tres países (Canadá, Méjico y España) que el que quisiera/pudiera donara algo de dinero para ropas de abrigo. Visto el éxito (juntamos un montón de dinero, mucho más de lo que esperábamos), así que ampliamos la acción a los tres pueblos en los que trabajamos: Madredhunga, Mulabari y Barsunchet”, tres lugares en los que quizá fuera la primera vez que oían hablar de algo relacionado con la Navidad.

Los resultados fueron “muy buenos” según comenta el voluntario, la ola de solidaridad que crearon llegó para bastante más de lo que esperaban. “A las ONGs con las que trabajamos les gustó la idea y nos ayudaron bastante. En dos sentidos: dando difusión y ayudándonos un poco con la logística del asunto (para comprar todo, alquilar un transporte, llevarlo a los pueblos, saber cuántos niños hay viene bastante bien alguien que hable nepalí y conozca la cultura local.

Y luego toda la gente que donó claro. Con el dinero fuimos capaces de comprar un gorro, una chaqueta, unos pantalones y calcetines para todos los niños de los tres pueblos ( en uno de ellos tuvimos que reducir porque era imposible llevarlo), sin las donaciones no podríamos haber hecho nada”, cuenta el joven.

Así con todas las prendas y con mucha ilusión los tres jóvenes cogieron su extraño trineo convertido en ‘camioncillo’ alquilado a la gente del lugar y se fueron como locos a buscar a aquellos niños que les esperaban aunque no sabían muy bien de qué se trataba todo eso. “En general los niños se mostraron muy tímidos, especialmente los más pequeños, como si no entendieran muy bien qué estaba pasando. Fue una sensación rara para mí también”, pero eso no importaba porque lo fundamental es que aquellos regalos les ayudaran, porque su Navidad no se basaba en esperar a nadie sino en ayudar, y eso, aunque no gozara del cariño de los niños, lo consiguieron.

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Imágenes del viaje cedidas por Miguel Ángel Cagigal.

SOLO UN GESTO

Un bonito gesto, un momento de recuerdo, de que Nepal no queda en el olvido pero que, como recuerda Miguel Ángel, solo es un granito más para ayudar a un país que necesita mucho más que gestos, aunque ya no aparezca en los medios. “Iniciativas como la nuestra no arreglan nada, Nepal tiene unos problemas estructurales y sistémicos previos al terremoto que no arreglan 4 jerseys. ¿Va a haber 200 niños que pasen menos frío este invierno? Espero que sí; ¿esto sirve para atacar alguno de los problemas principales del país? Estoy bastante convencido de que no. Es asistencialismo puro y duro, en una etapa ya no de emergencia además.

¿Qué necesitan los niños que vimos? Una casa donde dormir este invierno, un colegio en condiciones para el curso que viene, oportunidades de futuro…yo qué sé.

Necesitan un mundo más justo, en el que cuando cumplan 20 años no se tengan que ir a jugarse la vida en régimen de semiesclavitud a Dubai, a construir el estadio donde todos celebraremos alegremente el próximo mundial de fútbol que gane España”.

Como Papá Noel, Miguel Ángel y sus compañeros solo pueden ayudar algo a mejorar la vida de pequeños y grandes, pero los verdaderos regalos no suelen llegar en Navidad y hay que hacerlos entre todos.