Seguir creando Imagen SGAE

Eslogan de la plataforma ‘Seguir Creando’

Se respira un aire como de caza de brujas. El enemigo no tiene rostro. No es exactamente un gobierno tiránico, aunque algo tiene que ver. Se trata de algo tan efímero y cruel como un Ministerio, el de Hacienda, que quizá sea el más sombrío de todos, un temor colectivo. El primer caso que salió a la luz fue el del premio Cervantes Antonio Gamoneda. Una inspección de la Seguridad Social le acusó de estar cobrando indebidamente su pensión de jubilación puesto que percibía otros ingresos anuales que superaban el salario mínimo interprofesional: 9.172,80 al año), un límite establecido en la reforma de pensiones de 2011. El escritor no estaba realizando ninguna otra actividad profesional más que la suya: escribir. Pero el dinero percibido por los derechos de autor de sus obras escritas tanto antes como después de los 65 años superaban el mínimo para ser compatibles con una pensión de jubilación.

¿Es lo mismo trabajar que cobrar unos derechos de autor? La pregunta se extendió entre los creadores. Corrió tan veloz como el miedo a las inspecciones. Los escritores levantaron el teléfono y llamaron a sus asesores y abogados. ¿Van a venir a por mí? Pero no sólo les afecta a ellos; también es un problema para músicos o artistas. Los derechos de autor duran toda la vida de un creador (y 70 años más allá de su muerte según la legislación española). Pero, y si las obras creadas generan unos beneficios cuantiosos, ¿ya no se tiene derecho a percibir una pensión de jubilación por un oficio desempeñado durante toda la vida? Luis Landero, que compareció el pasado 14 de enero ante la Inspección de Trabajo y Seguridad Social, percibe una pensión por su carrera como profesor. Pero ésta le va a ser retirada por, aparte, recibir una determinada cantidad en beneficio de sus novelas.

El escritor Javier Reverte en una firma de libros Foto Wikimedia

El escritor Javier Reverte durante la Feria del Libro

El último caso ha sido el del escritor y periodista Javier Reverte. Éste cobra una pensión de jubilación por su carrera de periodista, pero los ingresos percibidos por los derechos de autor de sus numerosos libros lo han hecho incompatible. El Ministerio no sólo le ha retirado la pensión, si no que le ha castigado con una multa de 121.637,13 euros. Rápidamente cundió el pánico. Reverte defendió que sus ingresos sólo provenían del cobro de sus derechos de autor, pero Hacienda explica que es por otras actividades relacionadas con la escritura, como las presentaciones de libros y conferencias, por las que se ha creado esta incompatibilidad con su pensión. En principio, según la legislación vigente, los derechos de autor son “neutros” y no están incompatibilizados con el cobro de una pensión. Entonces, ¿cuál es el conflicto al que se enfrentan los creadores españoles jubilados? ¿Pueden seguir con su actividad creadora pero con restricciones?

El pasado 21 de enero el PSOE con apoyo de Ciudadanos presentó en el Congreso de los Diputados una proposición no de ley para que sea posible compatibilizar el cobro de una pensión con cualquier actividad creativa. Se trata de una circunstancia única y especial que afecta exclusivamente a los creadores, cuya labor artística, se entiende, no está restringida por criterios de edad, del mismo modo que tampoco cobran una pensión si dejan de crear. De hecho, se trata de una situación dramática y excepcional, puesto que, sobre todo en el caso de escritores y artistas, gran parte de su mejor obra se desarrolla en esta etapa de su vida. Se requiere del saber y de la experiencia, pero, para la Hacienda española, dentro de unos límites no demasiado lucrativos.

Distintas entidades de gestión de derechos de autor han creado la plataforma Seguir creando para defender los derechos de los escritores jubilados. Muchos son los artistas que se encuentran en esta situación de desconocimiento legal y que esperan, angustiados, la llamada para citarles a la inspección de la Seguridad Social. Por ahora, recaban sus contratos editoriales y las cantidades percibidas por cada una de sus obras (unas cantidades, por otro lado bastante ínfimas pues, en general, un autor recibe el 10% de las ganancias obtenidas por las ventas de su libro; el transportista cobra más que él). Queda ver si el Gobierno da respuesta a esta situación aclarando las particularidades de los derechos de autor. Por ahora, Gamoneda declaró a medios leoneses que, si le es retirada su pensión, dejará de escribir. Quizá lo que el Gobierno deba contar será el arte perdido, jamás creado, que morirá en las cabezas de los creadores españoles, amenazados por la larga sombra del Ministerio.