Los debates televisivos juegan un papel decisivo en las campañas electorales de nuestros vecinos europeos y en Estados Unidos, donde los ‘cara a cara’ son un trámite más del periodo electoral. En España, sin embargo, no existe una gran tradición de debatir de cara a las cámaras. Tras once elecciones generales, tan sólo se han celebrado tres debates televisados entre los candidatos a La Moncloa. Prueba de la reticencia histórica de los políticos patrios a enfrentar sus ideas en directo ante millones de espectadores.

Una tradición de la ‘vieja política’ condenada a desaparecer tras la irrupción de los nuevos partidos, Ciudadanos y Podemos, cuyo hábitat natural es la televisión y que han revolucionado la forma de hacer política en nuestro país. Albert Rivera y Pablo Iglesias representan a una generación de políticos forjados en los platos de televisión y acostumbrados a debatir ante periodistas incisivos e incómodos tertulianos. Durante la presente campaña electoral, los candidatos a la presidencia del Gobierno (Pedro Sánchez, Partido Socialista Obrero Español (PSOE); Albert Rivera, Ciudadanos; Pablo Iglesias, Podemos; y Mariano Rajoy, Partido Popular), se enfrentarán ante las cámaras en, al menos, cuatro ocasiones. Debates en formatos innovadores como el organizado por el diario El País, el pasado 30 de noviembre, retransmitido íntegramente por Internet y al que no acudió el actual presidente del Gobierno; a otros más tradicionales como el encuentro a cuatro bandas, que tendrá lugar esta noche en Antena 3, entre los principales partidos políticos y que, de nuevo, no contará con la presencia del presidente del PP -en su lugar acudirá la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría-; o el cara a cara que tendrá lugar entre Sánchez y, esta vez sí, Rajoy, el próximo 14 de diciembre en TVE.

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Albert Rivera, Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, durante el debate organizado por El País el pasado 30 de noviembre

Para encontrar los orígenes de los debates televisivos en nuestro país hay que remontarse a la irrupción de las televisiones privadas. Hasta entonces, la posibilidad de realizar encuentros entre los candidatos se fue frustrando elección tras elección. Así, en 1979 los candidatos Felipe González y Santiago Carrillo retaron a Adolfo Suárez a un debate que el presidente rehusó; lo mismo sucedió en 1982 cuando las exigencias del PSOE hicieron fracasar un encuentro entre los candidatos que previamente había aprobado la Junta Electoral. El primer ‘cara a cara’ entre políticos en televisión llegó en 1993 con el careo entre José María Aznar y Felipe González en Antena 3. Una cita cuya celebración estuvo pendiente de un hilo hasta el último minuto debido a diferencias respecto a la escenografía, el orden de los turnos, los temas a tratar e incluso sobre quién sería el encargado de cerrar el debate.

Una experiencia que no volvería a repetirse hasta 15 años después. En 2008, TVE propuso un encuentro entre los líderes de los dos principales partidos, el entonces presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y Mariano Rajoy. Dos debates de 90 minutos de duración cada uno en los que no se excluyó ningún tema y que fueron organizados y ofrecidos a las cadenas de forma gratuita por la Academia de Televisión. Antena 3 y Telecinco rechazaron emitirlos por no estar de acuerdo con las condiciones. En total, ambas citas concentraron ante el televisor a 25 millones de espectadores. El último debate televisivo, y el tercero de cuantos han tenido lugar hasta la fecha, tuvo lugar hace cuatro años y enfrentó a Mariano Rajoy con el secretario general del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba.

Desde entonces, que los candidatos a La Moncloa debatan sus propuestas ante los espectadores se ha convertido en una sana costumbre de los políticos patrios. Una práctica que hoy parece consolidada, aunque también discutida por su formato, tendente al encadenamiento de monólogos, y por lo pactado de las preguntas que excluyen los temas más comprometedores.