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Sean Connery, en el papel de Guillermo de Baskerville.

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Stat rosa pristina nomine, nomina nuda tenemus

“Todo lo que queda de una rosa muerta, es su nombre” 

El Edificio –una inmensa biblioteca- estaba fortísimamente restringido para evitar la entrada de lectores curiosos. El Edificio era lo más importante que se podía encontrar en aquella abadía localizada en los Apeninos septentrionales italianos. El Edificio era guardado con recelo por monjes franciscanos, concretamente por una orden llamada los espirituales, en aquel invierno de 1327. El Edificio y lo que contiene en su interior habían causado muertos y por tanto la llegada del fraile Guillermo de Baskerville, quien fue el encargado de resolver los misteriosos asesinatos. El Edificio es la parte fundamental de El nombre de la rosa, la novela estrella de Umberto Eco.

El escritor y filósofo italiano publicó hace 35 años uno de los best sellers más reconocidos y con mayor éxito internacional de la segunda mitad del siglo XX. A sus 48 años, Umberto Eco  sacaba a la luz su primera novela, tras haber alcanzado ya fama con diferentes ensayos y escritos centrados en su especialización, la semiótica. Una de los grandes rasgos que se asoman en El nombre de la rosa es su facilidad para entrelazar disciplinas y géneros. Por ello, hay quien entiende que la novela hay que situarla como un claro ejemplo de texto histórico. Destinado a explicar el contexto que se vivía en las distintas organizaciones cristianas durante la Edad Media con la Inquisición a la orden del momento. La labor de investigación de Eco –que incluyó viajes a diferentes monasterios- es tan digna de alabar como la propia imaginación en la creación de los hechos. Por otra parte, hay quien prefiere quedarse con la idea del delito y la trama detectivesca como elemento central de la obra, más allá de ser el motor de la narración. Junto a ellos está la versión filosófica, donde la lectura nos aportar diferentes debates morales en una época donde traspasar los límites significaba arder en la hoguera, ante el júbilo de la plaza y de los campesinos vecinos. Todos ellos, al lado de muchos más detalles, componen los trazos de una obra cumbre cuyo éxito editorial fue incontestable y es a día de hoy uno de los fijos en las listas de los libros más vendidos de todos los tiempos. Umberto Eco escribió una novela que se respira, que huele a piedra, a fuego y que consigue intrigar por encima de la premisa inicial.

6-el-nombre-de-la-rosa1El protagonista de la obra, el fraile Guillermo de Baskerville, llega a una abadía –nunca se menciona el nombre- para investigar unos extraños crímenes que preocupan a la Iglesia, ya que en poco tiempo estaba prevista la llegada del Papa. Junto al fraile viaja su discípulo, Adso de Mek, quien es además el narrador de la obra. Para la creación de Guillermo de Baskerville su propio nombre nos señala en quien se inspiró Umberto Eco. El apellido de El sabueso de Baskerville, la obra más icónica de Sherlock Holmes, fue el elegido por el escritor italiano para homenajear a Arthur Conan Doyle, creador del simbólico detective del Reino Unido victoriano. Guillermo de Baskerville, a pesar de tener un pasado inquisitorial del que da claros síntomas de arrepentimiento, representa la modernidad y la ciencia. Sus nuevos métodos de investigación no son bien vistos por gran parte de la Abadía, incluido uno de los grandes personajes de la novela, Jorge de Burgos. El anciano y blanco fraile –se especifica en el libro que todo en él es blanco, incluidas sus ciegas pupilas- sirve para homenajear a otro de los grandes ídolos literarios de Eco, Jorge Luis Borges.

Sólo se tardó seis años, en 1986, en estrenarse la versión cinematográfica de El nombre de la rosa. Una multiproducción francesa-italiana-alemana pero que contó con una de las estrellas veteranas más importantes de la época en el papel protagonista, Sean Connery. El que fuera otrora James Bond cambiaba el traje por el hábito y se ponía en la piel del franciscano Guillermo de Baskerville. Para su discípulo un imberbe Christian Slater sería el elegido en el inicio de una prometedora carrera con altibajos, actualmente brilla en la serie Mr Robot. Slater protagoniza una de las escenas más apasionadas de la película y de la novela, en la que Adso se enamora en un fugaz y tórrido encuentro sexual con una campesina de la cual nunca sabrá su nombre –y que acabaría utilizándose para el título de la obra-.

La película no tuvo el éxito inicial que sí acaparó la novela, sobre todo en la Italia natal de Umberto Eco, donde se acusó a la producción de intentar venderse al público norteamericano dando de lado los orígenes de la obra. Además su estética grotesca, que incluía a personajes deformes y casi caricaturescos, chocó en el momento. Con el tiempo las críticas a la cinta se fueron suavizando, siendo una opción interesante para quien se quede con ganas de más después de la lectura de El nombre de la rosa.