Líderes de todo el mundo conversando en una cumbre OTAN-UE

Líderes de todo el mundo conversando en una cumbre OTAN-UE

Tras las elecciones del pasado día 24 todo apunta a que los próximos años en España estarán protagonizados por el pactismo, algo que, aunque ahora parece nuevo, evocador y propio del cambio político que se vaticina, es de lo más normal en las democracias europeas. Sobre todo en países como Italia o Alemania donde el bipartidismo no es hegemónico y hay terceros y cuartos partidos fuertes.

Gente como Berlusconi, Angela Merkel o incluso David Cameron han pasado en su carrera política por el duro transito de los acuerdos para poder gobernar sus países. En otras naciones como Bélgica, la incapacidad de pactar llevó a una auténtica crisis de identidad a su país teniendo que mediar el propio rey para poder encontrar un acuerdo entre valones y flamencos. Ni siquiera el propio Parlamento Europeo se ha librado de este tipo de situaciones. En las pasadas elecciones, socialdemócratas y populares tuvieron que alcanzar un acuerdo para poder formar gobierno en Bruselas.

El pactismo es algo muy europeo y la italianización de la política no es la única salida que puede tener la situación política española. En Europa hay múltiples casos y cada uno ha derivado en algo diferente. Donde si es muy raro esta forma de gobernar es en las democracias americanas y similar. Allí el bipartidismo copa siempre los congresos y parlamentos existiendo mecanismos como las segundas vueltas en las que los partidos menos potentes caigan ante el empuje de los dos o tres grandes. Es el caso por ejemplo de Venezuela, donde incluso la Oposición se vio obligada a encontrar una organización que juntarse a todos los partidos contrarios a Chavez para poder hacer frente al partido en el Gobierno.

Merkel, la reina del pacto estable

“No se preocupen, conozco bien mi negocio”, así resumía y tranquilizaba a sus camaradas de partido el Socialdemócrata Sigmar Gabriel, tras haber firmado con Angela Merkel un nuevo pacto tras dos meses de negociaciones después de las elecciones en 2013. Pero el líder no era el único que conocía las habilidades para pactar de la jefa europea, sino que todo su partido ya tenía una idea de ello, pues habían llegado a un pacto parecido unos 8 años antes, cuando Angela Merkel se convirtió en la Canciller de todos los alemanes pactando con su principal rival.

A pesar de ser una persona polémica en el resto de Europa, si hay alguien capaz de acordar y dialogar con sus rivales en Alemania es Merkel. La adalid de la austeridad y la rigidez, sabe como nadie negociar con sus rivales y no le tiembla el pulso para conceder a sus socios grandes acuerdos si con ellos puede mantener su mandato, y lo ha demostrado en todas las elecciones que ha ganado.

Merkel (centro) junto a Gabriel (izquierda) en la firma del pacto entre SPD y CDU

Merkel (centro) junto a Gabriel (izquierda) en la firma del pacto entre SPD y CDU

En tres legislaturas que lleva como Canciller, ha pactado en las tres y consiguiendo algo único en el país y que pocos podían imaginar solo 13 años después de la caída del muro de Berlín; En sus primeros comicios como líder del partido consiguió un pacto de Estado con los socialdemócratas, su rival tradicional. De este pacto salió un gobierno inédito y de unión que muchos describen como el gobierno que salvó a Alemania de sufrir más duramente la crisis económica.

Tras cuatro años con los socialdemócratas, en 2009 optó por los liberales del Partido Democrático Liberal, y de nuevo les concedió grandes ventajas en los acuerdos, ella mantuvo su gobierno. Cuatro años de gobierno conservador-liberal que acabaron en 2013 con un nuevo pacto de Estado con el rival socialdemócrata. Así que parece que sí, Gabriel sabía bien de qué iba el negocio con Merkel.

El miedo a la inestabilidad italiana

La italianización es el nuevo miedo de la política española, ese sistema que todos describen como ingobernable pero que muchos no conocen y en el que se ha manejado a las mil maravillas siempre Silvio Berlusconi. Un sistema lleno de partidos medianos sin uno que despunte y con intereses enfrentados que hacen casi imposible mantener un gobierno estable más de dos años, a no ser que sepas contentar a todos.

El caso de Berlusconi sería un ejemplo perfecto para explicar el sistema. El político, empresario y magnate consiguió ser investido Primer Ministros tres veces en menos de 20 años (1994-1995, 2001-2006 y 2008-2011) con periodos de Gobierno intercalados con otros en la Oposición.

Berlusconi en un mitin de Forza Italia

Berlusconi en un mitin de Forza Italia

A base de campañas populistas y aunar bajo su ala a las débiles fuerzas de la derecha italiana, se hizo el dueño del gallinero de Roma con un poder imperial que prácticamente no se conocía en el país desde la vuelta de la democracia tras la Segunda Guerra Mundial. A pesar de sus idas y venidas continuas, sus polémicas y sus corruptelas, seguía siendo elegido para gobernar el país aunque su partido Forza Italia no estuviese ni entre los tres más votados del país. No se descarta que vuelva a jugar esa carta próximamente.

En la actualidad, el Gobierno socialdemócrata de Matteo Renzi, cuyo líder fue investido sin ni siquiera haber sido el candidato de su partido en la campaña, gobierna apoyado por una coalición de seis partidos de corte centro izquierda y el 29 por ciento de los votos. Una mayoría con pies de barro que aunque ahora parece bastante estable corre el peligro de hundirse en cualquier momento y hacer volver de nuevo a las urnas a todos los italianos.