"Naturaleza muerta frente a una ventana" de Pablo Picasso.

“Naturaleza muerta frente a una ventana” de Pablo Picasso.

Nacieron mirando al mismo mar pero en dos extremos diferentes. Pablo Picasso en Málaga y, veintitrés años después, Salvador Dalí en Figueras, un pequeño pueblo de Cataluña. En ambas localidades se encuentran hoy en día las casas-museo de los que fueron dos de los más grandes artistas de la Europa de principios del XX. Ellos trajeron la vanguardia a España mientras creaban fuera de España. Los talleres y los bares de París se volvieron tumultuosos con ellos, por aquel tiempo en que la ciudad de la luz era una fiesta, o al menos así lo contó un novelista yanqui pasado de alcohol. Estuvieron de acuerdo en fagocitar todo el arte pasado y darle a la vida una nueva manera de ser representada. Pero estuvieron de acuerdo en pocas cosas más.

El Museo Picasso de Barcelona acoge hasta el próximo 28 de junio la exposición Picasso/Dalí. Dalí/Picasso, que a través de 78 obras -algunas de las cuales no se habían visto nunca en España-, disecciona la relación de influencia-amistad-rivalidad que unió a estos dos genios del arte. A principios de los años 20, un joven Dalí se inicia en las llamadas vanguardias históricas, que en apenas dos décadas y con el camino a la exploración previamente abierto por postimpresionistas y nabis habían revolucionado la manera de hacer y concebir las artes plásticas. Sentía una profunda admiración por el maestro Pablo Picasso, que para aquel entonces ya había retratado a la mecenas de todos Gertrude Stein y había compuesto Las señoritas de Avignon –aunque no sería expuesta hasta mucho después-.

“El objetivo no ha sido contar que ambos personajes son de algún modo similares, sino más bien contribuir a su compresión” explica uno de los comisarios de la muestra William Jeffet, de The Dalí Museum de San Petersburgo, una de las pinacotecas que aportan obras a la exposición junto con el Museo Picasso y la Fundación Gala-Salvador Dalí. Las casi ochenta obras y más de treinta documentos de la muestra aparecen enfrentados en un cara a cara tenso, como sólo podía serlo entre dos gigantes. El diálogo se ha estructurado enfocando justamente aquellos momentos en los que ambos estuvieron más relacionados. La residencia en Barcelona fue una etapa crucial de su desarrollo artístico, donde entraron más en contacto con los movimientos culturales europeos antes de marchar a París como había que hacer por aquellos años si uno era joven y artista.

Ellos trajeron la vanguardia a España mientras creaban fuera de España. Los talleres y los bares de París se volvieron tumultuosos con ellos, por aquel tiempo en que la ciudad de la luz era una fiesta, o al menos así lo contó un novelista yanqui pasado de alcohol.

Fue después de la visita del artista catalán al estudio parisino de Picasso en 1926 que el primero se adentró del todo en el lenguaje vanguardista y se erigió como el máximo exponente del movimiento más tardío: el Surrealismo. Picasso había vuelto a una forma de cubismo que incorporaba las ideas surrealistas de los sueños, la sexualidad y lo irracional. Cuando regresó de este viaje, Dalí empezó a trabajar en un conjunto importante de pinturas que reflejaban este encuentro artístico, con una serie de naturalezas muertas que representan el primer paso hacia su propio vocabulario. Los escenarios metafísicos de Giorgio de Chirico y la locura dadá le habían abierto el camino a la exploración plástica de los mundos interiores del individuo. De él salieron monstruos que algunos acusaron de antiguos y tradicionales por su modo “realista” de pintar. Pero él sabía calcular esa dosis de genialidad y exageración. Posteriores a este encuentro son algunas de sus mejores obras como El gran masturbador o La persistencia de la memoria. Fue también cuando conoció a su eterna Gala Galarina, por aquel entonces compañera de Paul Eluard.

"Mesa delante del mar" de Salvador Dalí.

“Mesa delante del mar” de Salvador Dalí.

El movimiento surrealista había quedado fundado con la publicación del Primer manifiesto surrealista escrito por André Breton en 1924. “Nombre masculino, automatismo, psiquismo puro con el cual se intenta expresar, verbalmente, por escrito o de cualquier otra manera, el funcionamiento real del pensamiento, en ausencia de cualquier control ejercido por la razón, al margen de toda preocupación estética o moral”. Así definían su arte: lo irracional, lo inconsciente del arte y de la vida. Pero no todo era tan independiente como Breton quería hacer parecer, pues el desarrollo del movimiento estuvo fuertemente ligado a las idas y venidas en su relación con el comunismo y marcado por las expulsiones de aquellos artistas que no estaban lo suficientemente comprometidos con “la revolución”. El fundador del movimiento expulsó oficialmente a Dalí debido a su negación de la ideología marxista aun cuando éste proclamaba –y todos le creían-: “Yo soy el Surrealismo”.

Los buenos años acabaron con el estallido de la Guerra Civil en España. En la exposición se pueden ver algunos de los esbozos preparatorios del Guernica de Picasso y de Premonición de la Guerra Civil de Dalí. Sus ideas políticas no eran las mismas, pero ambos amaban la libertad de expresión por encima de toda ideología. Llegaron después los años del distanciamiento. En la exposición se puede ver el Retrato de Pablo Picasso en el siglo XXI de Dalí, realizado durante la posguerra. Esta obra ha sido interpretada de formas distintas: bien como un ataque al referente artístico, una especie de muerte del padre, pero también como reconocimiento a su mentor, una fuerza extraña y duradera de la naturaleza.