Viñetas de una de sus obras, "Andanzas de un hombre en pijama".

Viñetas de una de sus obras, “Andanzas de un hombre en pijama”.

Fue uno de los primeros galardonados con el Premio Nacional del Cómic, ese reconocimiento que tanta le falta hacía a una disciplina que es mitad arte y mitad literatura, que se trata de un lenguaje en sí mismo, y que está tan reconocido en otros países como Francia o Estados Unidos y tan poco en el nuestro. Paco Roca (Valencia, 1969) nos emocionó con Arrugas, nos despierta la carcajada a la vez que nos incomoda con su hombre en pijama dominical, pero antes hubo mucho más, y en el futuro, ni imaginarse. El Acróbata entrevista al dibujante y escritor que responde desde su casa en Valencia haciendo un hueco en sus jornadas donde la creación es tanto disfrute como trabajo arduo. Lean sus dibujos. Contemplen sus palabras.

David Aja, Francesc Capdevila ‘Max’, Juan Díaz Canales, Juanjo Guarnido, Marcos Martín, Meritxell Bosch y Sergio Aragonés ¿Qué le parece que haya siete autores españoles entre los nominados a los premios Eisner -los denominados Oscars del cómic-?

Es algo que entra dentro de lo normal porque hay una cantidad de autores españoles que trabaja para fuera del mercado español enorme y de muchos géneros diferentes. Hay multitud de autores de nuestro país en mercados como el francés o el alemán. A veces el problema es que tienen que migrar por la falta de una industria potente en España.

¿Crees que este género goza del prestigio suficiente en nuestro país o se sigue viendo como una creación más marginal?

Está cambiando. De un tiempo a esta parte, quizá cinco años, se ha hecho un progreso enorme. Desde que se otorga el Premio Nacional del Cómic han cambiado bastante las cosas, aunque todavía queda mucho por hacer. Para empezar, habría que normalizar el cómic, es decir, conseguir que los medios de comunicación hablen de las novelas gráficas y se den cuenta de su diversidad. No sólo existe el cómic infantil.

¿Cómo se explica que autores españoles que están triunfando en otros mercados no lo hagan en España?

Ante todo hay que comprender el mercado. Cada mercado tiene su singularidad. En Estados Unidos si haces un cómic de superhéroes lo haces pensando en tu editor en EE.UU, ya sea de Marvel o de Dc, y ese editor esta pensando a su vez en su público con lo que te va a pedir que hagas cosas que gusten al público norteamericano. Ocurre lo mismo con los autores que trabajan para el mercado francés y están pensando en ese público que es el que mayoritariamente compra sus tebeos. Son obras que no están pensadas para nuestro país.

Para que estos autores triunfasen tendrían que crear un cómic para un lector español, que sea exportable, y que a la vez pueda triunfar en nuestro mercado. Ocurre lo mismo en las novelas. Una parte de la industria se sustenta en escritores españoles que conectan con el público español.

¿Cuáles fueron sus orígenes en el mundo del cómic? ¿Cómo definiría su obra?

Ha habido muchos. Una de mis primeras lecturas fueron los autores de Bruguera. Después vendría el cómic franco belga, el cómic de superhéroes: Spiderman y los Cuatro Fantásticos me encantaban. Más adelante descubrí a la gente que empezó a hacer un cómic más de autor como Frank Miller o Alan Moore. En España siempre me he fijado en los trabajos de grandes autores como Carlos Jiménez o Daniel Torres, o en gente de mi generación como Alfonso Zapico. Yo me englobaría dentro de la línea clara. Es un estilo que funciona muy bien para contar cualquier historia y es lo suficientemente neutro como para que el lector no pase mucho tiempo fijándose en el dibujo.

Lo mínimo que se le ha de pedir a un cómic es lo mismo que se le ha de pedir a una novela o a una película: que nos emocione. Que nos haga reír, llorar o nos mantenga en tensión. Eso para mi es lo primordial y es lo que busco en cualquier obra. En segundo lugar, le pediría que me dejase con preguntas. Es algo esencial para que cualquier obra continúe viva.

 

¿Cómo es su proceso creativo?

La verdad es que tienes que tener una gran disciplina. Para cualquier trabajo es importante, pero uno tan largo como es hacer un cómic es fundamental. Intento tener un horario muy rígido. A las seis de la mañana me pongo a trabajar, hasta el mediodía. Después de comer sigo trabajando hasta las ocho de la tarde. En cuanto a mi dinámica de trabajo, antes de empezar a trabajar con el guión hago mil esquemas y muchísimas anotaciones. Las ideas te surgen en cualquier momento, aparecen cuando estas haciendo las cosas más extrañas y tienes que tratar de apuntarlas donde sea.

¿Cómo surgió la idea de retratar en “Los surcos del azar”  la historia de La Nueve, la compañía de republicanos españoles que liberó París del yugo de la Alemania nazi?

Siempre me ha interesado mucho el tema del exilio y la guerra civil. La idea me saltó a la cabeza cuando tuve la oportunidad de conocer a dos excombatientes de esta compañía durante una charla con veteranos en París. En ese momento le vi posibilidades a la historia y empecé a interesarme por ella. Es un proceso, se te presenta una historia y comienzas a investigar hasta que llega un momento en el que tienes que decidir si tiene potencial o no. Es en ese instante cuando has de resolver si ese interés es personal o bien te puede llevar a hacer un cómic. Decidir si va a a ser un hobby o un trabajo.

Además, dio la casualidad de que los miembros de La Nueve representan la clase de personaje que me gusta plasmar en mis historias: la de perdedores con dignidad. Podría haber contado la historia de la División Azul, pero todo el mundo la conoce ya. La gente de La Nueve, pese a ser los ganadores de una guerra, fueron olvidados y se sintieron perdedores. Como la historia ha tratado a estos soldados es muy injusto.

¿Cuánto hay de usted en el hombre en pijama? ¿Cómo marcha el rodaje?

Es muy difícil separar los dos personajes. Ahora que estamos rodando la película es todo una mezcla muy extraña. El personaje nace como la voz en primera persona del autor. Cuando cuentas algo en un cómic en primera persona resulta raro que no te dibujes. Sin embargo, en el momento en que te dibujas pasas a ser un personaje y te distancias de él. Aunque ese personaje seas tu al 90%, al final tienes que añadirle ciertas dosis de ficción para poder cerrar las historias. El hombre en pijama es lo más sincero que he hecho aunque a medida que voy escribiendo sobre este personaje me voy distanciando cada vez más.

En cuanto a la película, todo es mucho más difícil. Se trata de una cinta de animación y el actor que da voz a mi personaje es Raul Arévalo. Cuando sabes que va a ser un actor el que va a hacer de ti no sabes hasta qué punto tienes que ser tú o hasta dónde llega el personaje. Me está resultando muy difícil distanciarme.

"Los surcos del azar", la última novela gráfica de Paco Roca.

“Los surcos del azar”, la última novela gráfica de Paco Roca.

¿Cuáles son los ingredientes que debe tener todo buen cómic?

Lo mínimo que se le ha de pedir a un cómic es lo mismo que se le ha de pedir a una novela o a una película: que nos emocione. Que nos haga reír, llorar o nos mantenga en tensión. Eso para mi es lo primordial y es lo que busco en cualquier obra. En segundo lugar, le pediría que me dejase con preguntas. Es algo esencial para que cualquier obra continúe viva. Hay dos tipos de historia: las que sólo te dan respuesta y las que te dejan con muchas dudas, y creo que esas son las interesantes. En tercer lugar, ya que el cómic es un elemento visual, le pediría que visualmente me resulte interesante, que aporte al novedoso.

¿Le parece que este género es un buen medio de denuncia social?

Desde luego. Lo que convierte al cómic en un medio atractivo es que tienen cabida muchos planteamientos diferentes y muchos géneros. Puedes hacer desde un cómic estupendo sobre superhéroes a cómics a una novela gráfica sobre política o historia… las posibilidades son enormes. Además, la censura no existe dentro del mundo del cómic, lo que te permite tratar todos estos temas. Por último, el atractivo visual hace que llegues a más gente de forma más sencilla que otro tipo de obras.

Historias como la de Alfonso Zapico sobre la revolución del 34 en “La balada del Norte” o la de Jorge Carrión en “Los vagabundos de la basura”, por citar dos autores, ¿pueden estar consolidando en España un cómic autóctono de temática social?

Ese tipo de historias son un camino para crear en España un cómic autóctono y que haga funcionar nuestra industria. Al viajar te empiezas a dar cuenta de la cantidad de este tipo de historias que se están vendiendo fuera, los cómics que tocan temas sociales están funcionando muy bien en los mercados europeos. Creo que es un buen camino para consolidar en España un sello de autor que trate temas locales.

¿Qué político llevaría a sus viñetas?

Creo que los políticos tocan mucho los testículos en el presente pero se olvidan rápido. Por mucho que ellos traten de aferrarse al poder en el fondo son bastante efímeros. De Wert nadie se va a acordar en tres o cuatro años. Pasan tan rápido que escoger a uno de estos personajes para un cómic perdería un poco la gracia. Nunca llevaría a un político a mis viñetas.

¿De qué vive hoy en día un autor de cómics?

No se puede vivir de la cultura. En este país, es complicado vivir únicamente de los royalties que genera tu obra. A nivel mundial debe de haber muy poca gente en todos los ámbitos que pueda permitírselo pero en España es más difícil todavía porque no se apoya la cultura. A los autores de cómic nos sucede lo mismo que a los de novelas, tenemos que vivir de otras cosas para poder subsistir y esa otra pata suele ser la ilustración, para prensa o publicidad. Además, damos charlas y conferencias. Es de esto de lo que acaba viviendo un autor.