Cartel protesta en una de las manifestación convocadas por 'que se lixe a troika'

Cartel protesta en una de las manifestaciones convocadas por ‘que se lixe a troika’ (que se vaya la troika). El lema del cartel es: “Y ahora ¿Qué más nos vais a robar?”

El 7 de julio en el Parlamento portugués daba comienzo el último debate sobre el Estado de la Nación antes de que ese mismo Congreso se disuelva para las elecciones parlamentarias del 11 de octubre de 2015. Cuatro años después de que subiera al poder el líder del PSD (Partido Socialdemócrata), Pedro Passos Coelho, en un gobierno de unidad popular apoyado por los conservadores del CDS-PP (Centro Democrático Social / Partido Popular), el primer ministro luso, favorito del FMI y los acreedores, se enfrentó ante la cámara con el valor de haber cumplido los objetivos de sus prestadores pero con la idea de haber dejado un país en peores condiciones del que se encontró al llegar.

A pesar de haber pagado en el plazo negociado los 78.000 millones de euros prestados por los socios europeos, Portugal se encuentra con una deuda pública más alta que nunca, unos 298.000 parados más que en 2011 y algunas empresas insignia del país como EDP (Energías de Portugal / Eléctrica), TAP  (Aerolinea) o Fidelidade (Aseguradora) privatizadas, todo para poder llegar a la balanza del déficit exigida de forma inflexible por los acreedores.

Pero el debate sobre si la austeridad ha funcionado en el país ha sobrepasado las fronteras lusas. En pleno debate sobre la situación de Grecia y el rescate de la troika, muchos en Europa apuntan a Portugal como ejemplo del alumno aventajado a seguir por todos los países de la Unión que necesitan ayuda. Un país pequeño y ahogado por las deudas, ante su falta de tejido económico e industrial, que ha pagado al contado siguiendo todos los plazos exigidos por Bruselas y con unos sacrificios monumentales pero necesarios. El mismo primer ministro portugués, vista la situación de Grecia, ha sido uno de los líderes que más ha apretado en las últimas semanas por exigir hasta el último euro a Tsipras y su gobierno, argumentando que los grandes sacrificios de su país para pagar no deben quedar ahora empañados por una quita a otro Estado que debe mucho más dinero.

Lo cierto es que los sacrificios por parte del Ejecutivo portugués no han sido pocos y han tenido que luchar diariamente por implantar las medidas que les venían dictadas desde Bruselas, teniendo que enfrentarse a las instituciones y la opinión pública de uno de los países más socialistas y estatalistas de la Unión. Desde que el 5 de junio de 2011 Passos Coelho ganase las elecciones con el rescate ya iniciado por el anterior primer ministro, José Sócrates (actualmente en prisión preventiva por corrupción), el gobierno del PSD ha tenido que sobrevivir entre litigios, luchas internas con sus socios conservadores y problemas de corrupción que llegaron a salpicar al propio primer ministro.

Un Vía Crucis político, judicial y económico que en cuatro años de legislatura, ha obligado al Gobierno de Coelho a tener que pasar por tres mociones de censura, una moción de confianza e incontables choques contra el Tribunal Constitucional por medidas como quitar días de vacaciones, la recolocación de funcionarios o incluso el la formulación de algunos presupuestos como el de 2013 -que el TC luso denominó como inconstitucional-. Una posición de desgaste que se suavizó con la salida de la troika del país el 17 de mayo de 2014 pero que ha dejado la confianza de los portugueses en su Gobierno por los suelos.

Tras cuatro años de duros ajustes la pura supervivencia es considerada como una victoria para Passos y sus socios, encabezado por el CDS de Paulo Portas, pero parece que el país ejemplar de la receta de la austeridad no se ha recuperado como se esperaba. Con el déficit estabilizado y la confianza de los mercados recobrada, el Estado portugués se ha quedado sin empresas públicas grandes, con un paro que subió el primer trimestre de 2015 al 13,7% y con la deuda casi al 130% del PIB. Un presente complicado que parece que no mejorará en un futuro con el paro juvenil en el 34%. Además, según el Observatorio de Migración de Portugal, en estos cuatro años más de 200.000 portugueses han salido del país a países con mejores expectativas, tanto en Europa como a antiguas colonias como Angola. Unos sacrificios que deja unos números muy difíciles de ajustar.

ELECCIONES POR LA AUSTERIDAD O CONTRA LA AUSTERIDAD

A solo tres meses de las elecciones parlamentarias, toda la política portuguesa está pensando ya en la precampaña. La ligera tranquilidad tras el fin de la intervención de la Troika parece que ayuda a que los portugueses opten por una de las dos opciones moderadas que a la vez defienden posturas bastante contrarias. Los dos grandes partidos clásicos: el Partido Socialista (PS) y el Partido Socialdemócrata, lucharán de nuevo por el primer puesto en el Parlamento de Sao Bento.

De momento Passos y su fiel compañero estos cuatro años, el líder del CDS, ya han firmado un acuerdo para ir juntos a las elecciones como ya hicieran en las europeas, que acabaron perdiendo. Mientras que por el PS, el reformista Antonio Costa buscará una victoria que parece bastante factible con un discurso moderado pero claro contra la austeridad y a favor de recuperar lo recortado estos cuatro años.

El ajuste presupuestario parece que seguro marcará unas elecciones que se seguirán con lupa desde Europa y que tendrán una lectura clara: Ver si el país puesto como ejemplo por los acreedores ante todo el mundo por su éxito al aplicar planes de austeridad demandados por Bruselas, tiene el apoyo de los acreedores de los políticos, el pueblo.

Encuesta Eurosondagem julio de 2015

Encuesta Eurosondagem julio de 2015 / electograph.com