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A falta de unos pocos días para las votaciones a las elecciones generales, las calles amanecen empapeladas con los rostros de los líderes de los principales partidos; nuestras conversaciones matutinas se centran en el encuentro electoral de este domingo y la programación semanal gira entorno a  los debates electorales y los coloquios entre periodistas. Pero entre todo este huracán electoral hay un elemento con el que nos hemos topado día tras día: las encuestas.

Cada noche en las diferentes cadenas de televisión se nos han presentado una nueva batería de datos electorales que pretenden vislumbrar y aclarar cuál será la futura composición de la cámara parlamentaria. Pero entre tanta subida y bajada que propician las encuestas, es normal que al final acabemos desorientados cual montaña rusa. La principal consideración que se debe tener a la hora de mirar las encuestas es que, como bien definió Pablo Simon, editor de Politikon, éstas son como un termómetro estropeado que marca siempre 50 grados. Fácilmente se puede comprobar que el termómetro no marca la temperatura exacta, pero en el momento que marque más de 50 grados, nos estará indicando una subida de la temperatura.

 Al haberse borrado por el momento las mayorías absolutas del mapa, la presidencia se decidirá a través de los acuerdos entre los grupos de la cámara como realmente indica nuestro sistema parlamentario

De la misma forma debemos observar las encuestas, centrándonos en las tendencias de subida y de bajada pero teniendo en cuenta que cuantificar el escenario político actual es muy complicado. Y esto se debe a una serie de factores novedosos en el sistema político español: el surgimiento de nuevos partidos que dificulta su estimación de voto al no tener recuerdo de voto con el que comparar; que casi el 50% de indecisos deciden en la última semana su voto, convirtiendo la campaña electoral en un elemento decisivo; y  atomización de fuerzas parlamentarias que se plantea a partir del 20D. Al haberse borrado por el momento las mayorías absolutas del mapa, la presidencia se decidirá a través de los acuerdos entre los grupos de la cámara como realmente indica nuestro sistema parlamentario.

Pero según las tendencias que han ido marcando encuestas como las realizadas por TNS, CiS o Metroscopia, ¿qué es lo que podemos sacar en claro? Antes de contestar a esta pregunta quiero esclarecer una serie de cuestiones básicas para poder comprender mejor el escenario electoral de este 20D: las elecciones generales en España son para la conformación de los miembros de las dos cámaras de nuestro parlamento, quienes en mayoría cualificada elegirán al gobierno; se eligen a los representantes provinciales para el Congreso y para el Senado; esto significa que realmente se realizaran 52 elecciones provinciales; y para poder conseguir un escaño se debe superar mínimo el 3% de los votos por provincia. Esto es importante ya que las encuestas y la información que por lo general se nos da sobre las elecciones suele llevarnos a error, debido a que estas nos suelen mostrar solo los porcentajes de voto a nivel estatal, cuando lo que importa es el número de votos a nivel provincial.

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Mariano Rajoy, presidente del Gobierno y candidato a la reelección.

Con esto presente y centrándonos en los datos que las encuestas nos han ido proporcionando respecto al Partido Popular, podemos ver una tendencia de subida continuada, que les refuerza como posible primera fuerza política, pero alejada de las mayorías absolutas a las que están acostumbrados. Esta tendencia puede ser el efecto de la estrategia de mantener a su candidato alejado de los debates, reduciendo su exposición mediática. Además, esta tendencia de subida puede nutrirse de los atentados yihadistas en Paris, ya que este tipo de problemáticas internacionales, como es el terrorismo, tienden a reforzar siempre la figura del Gobierno ante la opinión pública. Está claro también que el Partido Popular tiene un nuevo adversario entre el electorado liberal, Ciudadanos, el partido de Albert Rivera, pero también es cierto que sigue siendo la opción electoral más estable para los votantes conservadores. También debemos tener en cuenta que desde las últimas elecciones generales de 2011, la corrupción ha dejado de ser un factor que influya en el voto, cosa que favorece enormemente a los populares.

Ciudadanos en las últimas semanas de encuestas ha mostrado una tendencia de subida menor a la que mostraba desde octubre. El paulatino freno de la formación naranja puede venir influenciada por la  indefinición ideológica que marca el partido. Como le pasó Podemos al intentar salir del eje vertebrador entre izquierda-derecha, se muestra como una postura de indefinición que tarde o temprano se quebrara ante la definición que realizaran el resto de actores políticos. En el caso de Ciudadanos, su definición como centro sigue quedando fuera del eje y ha ocasionado que, a través de sus propuestas programáticas y su acción institucional, el resto de partidos les definan intentando estrechar su marco electoral.

El PSOE muestra una tendencia a la baja prolongada. Esta evolución rompería con su posición como única alternativa al partido popular y le situaría en igualdad de condiciones con Podemos y Ciudadanos. El problema al que se enfrenta al partido socialista en este nuevo escenario es dual: por un lado, Podemos le compite su identidad como formación socialdemócrata; y por otro lado las medidas de línea liberal que ha llevado a cabo la formación socialista en sus años de gobierno han generado que parte de su electorado menos fiel se sienta atraído por la nueva cara que presenta Ciudadanos. Es decir, la formación de Pedro Sánchez puede estar afrontando problemas considerables al intentar establecerse como la única opción al PP, estrategia tradicional de la formación, y también a la hora de asegurar a su electorado más cercano ante la nueva atomización del escenario electoral.

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Pablo Iglesias, secretario general de Podemos.

Por otro lado, Podemos, la formación morada de Pablo Iglesias -la cual ha sufrido una caída desde agosto en las mismas encuestas que en enero la situaban como primera fuerza política del país- ha aparecido en las últimas semanas en todos los gráficos marcando una tendencia continuada de subida. Esto puede deberse, por un lado, a la vuelta al “ruedo” mediático y electoral de su candidato a la presidencia. Es notable poder apreciar que la bajada en las encuestas de Podemos ha ido acompañada con la presencia cada vez menor de Pablo Iglesias en los platós de televisión, e influenciada por la definición otorgada por la opinión pública que escora a la formación hacia el ala izquierdista más radical. Por otro lado, la estrategia que ha tomado la ejecutiva de Podemos a la hora de realizar coaliciones electorales en los diferentes territorios ha de ser definida como electoralmente acertada. La unión ante estas generales con Compromis en la Comunitat Valenciana, con Las Mareas en Galicia y con Catalunya en Comun en la Comunitat de Catalunya, pueden convertir a la formación morada en la segunda fuerza política en muchas provincias de estas regiones.

Con este mapeo electoral, pese a las tendencias marcadas en las últimas semanas, podríamos hablar actualmente de un empate técnico entre los cuatro partidos. Un empate que podría romperse en cualquier dirección. Debemos recordar que ahora,  en los últimos días de campaña, cada segundo cuenta. Esto hace que por el momento no podamos confirmar la quiebra del bipartidismo, pero sí afirmar la tendencia a la atomización de fuerzas parlamentarias que, dependiendo de los resultados de este domingo, nos pueden llevar a un posible sistema multipartidista.