Pintura que muestra la lucha de los quilombolas contra los portugueses

Pintura que muestra la lucha de los quilombolas contra los portugueses

Quizá Espartaco sea el esclavo más conocido de la historia, el libertado por antonomasia y el que ha pasado a la posteridad como el ejemplo de la lucha contra la esclavitud. Pero lejos de ser el movimiento más fuerte de lucha contra el esclavismo, la revolución del romano se queda muy pequeña cuando uno empieza a mirar en los libros de historia de America Latina, sobre todo del Brasil colonizado por los portugueses. Allí,  en el bastas tierras selváticas se gestaron los movimiento antiesclavistas más potentes encabezados por africanos llevados a América como animales para trabajar hasta perecer.

Seguramente, ninguno de los revolucionarios africanos ni siquiera supieran de la historia de su colega romano pero en cierta manera cogieron su testigo e intentaron encontrar con todas sus fuerzas un lugar donde poder vivir lejos del látigo de sus dueños. Si alguno de esos ‘quilombos’, palabra con la que se denomina a esas comunidades de esclavos que se formaban huyendo de los esclavistas, destacó sobre el resto fue el de Palmares, un reino (o república, no se sabe) que se convirtió en el icono de la lucha contra la dominación por aguantar a duras penas unos 130 años, 128 más que la del subyugado tracio. Incluso contó con su propio héroe, un esclavo al que se le conoce como ‘Zumbi dos Palmares’, un guerrillero de alta familia africana al que se le atribuye unos dotes similares a los de Espartaco.

Pero lejos de ser una rebelión nómada e itinerante la revolución de los Quilombos y, en especial, la del de Palmares, situado en la zona brasileña de Pernambuco, fue un movimiento asentado que llegó a contar con un comercio sólido y con unas estructuras de poder bastante definidas. Según cuentan los investigadores de este particular reino, los ex esclavos consiguieron implantar las costumbres traídas de sus tierras africanas y, gracias a ello, formaron una sociedad que incluso llegó a convivir durante bastante tiempo como socios comerciales con las colonias portuguesas. El reino incluso llegó a contar con una capital llamada Macaco en la que se construyó la residencia del líder de todas las comunidades que formaban el Quilombo y que acabó siendo destruida, como todo lo demás, por los portugueses.

Agricultura, ganadería, cultura, tradiciones… Todo lo que añoraban y aprendieron en su tierra al otro lado del charco, los quilombolas, como se conocía a sus habitantes, lo introdujeron en sus nuevas comunidades. Esta capacidad de organización y gestión hizo temblar a los imperios europeos, sobre todo al basto imperio portugués, que no pudo acabar con estos pueblos rebeldes hasta contratar uno de los ejércitos de mercenarios más grandes que se había visto hasta ese momento.

Estatua de Zumbi dos Palmares

Estatua de Zumbi dos Palmares

Según varias fuentes, más de 20.000 personas llegaron a formar parte de esta comunidad multiracial en la que llegaron a resguardarse incluso portugueses venidos de Europa y perseguidos por las autoridades. En los 130 años de historia de este miniestado se vivieron incluso varias etapas. Tras una primera época en la que el Quilombo, gobernado por Ganga Zumba, un aristócrata del Congo, se veía con mejores ojos por los portugueses por servir como ayuda para acabar con las incursiones holandesas en esa zona de su territorio y proteger los cultivos azucareros, la cosa se complicó con la llegada del Espartaco de Palmares, Zumbi.

Con su llegada al poder, en 1680, esta comunidad se convirtió en un verdadero desafío contra la metrópoli y el poder portugués y pronto se empezó a llenar su territorio de hombres y mujeres de toda índole que, por unas cosas u otras, tenían problemas con la metrópoli europea. Zumbi creó una especie de dictadura, instauró el servicio militar obligatorio e implementó unas técnicas militares que le dieron gran ventaja sobre su enemigo.  Las incursiones se convirtieron en algo común y Portugal se vió obligado a hacer todo lo posible por acabar con la revolución negra. Tuvo que esperar más de 20 años para poder acabar con todos los reductos de este quilombo que incluso sobrevivió a la muerte de su líder en 1694, decapitado y colgado públicamente para amedrentar a los suyos, después de que uno de los sus confidentes le delatara ante las instituciones portuguesas. 66 veces intentaron acabar con el quilombo los portugueses y solo tras reunir a un ejército de 9.000 hombres, la mayoría expertos mercenarios, pudieron acabar con la resistencia africana.

Con el tiempo, el quilombo se fue olvidando con el cambio de Brasil, y todo, hasta el esclavismo, fue evolucionando hasta desaparecer. Pero aún en la cultura popular brasileña se recuerda a Zumbi y al Quilombo de Palmares como un símbolo de resistencia contra el opresor y como un ejemplo de lucha por los derechos de los negros. El libertador afroamericano no llegó a contar con la fama del hollywoodiense Espartaco, ni su lucha tuvo la repercusión de la del tracio, pero para la posteridad quedó como un luchador por su causa y como un digno heredero de aquel romano del que seguramente nunca supo nada pero al cual emuló y superó tanto en la magnitud de la hazaña como en la solidez de su movimiento. Eso sí, tanto uno como otro lucharon hasta la muerte por algo muy parecido, el derecho por vivir libremente sin que nada ni nadie le dominase.