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Imagen promocional Quique González y los detectives.

Tras el estreno del single, ‘Se estrechan en el corazón’, un runrún sonaba entre los seguidores de Quique González. Como siempre, tantos gustos como cafés en cada desayuno. Una vez escuchado al completo Me mata si me necesitas parece claro que el adelanto hay que considerarlo exactamente como tal, un pequeño aperitivo para abrir el apetito, no como el plato fuerte. La melodía del single, dulzona, deja paso a otras nueve canciones en las que se respira nostalgia, despedidas, reencuentros, historias olvidadas… Todas estas emociones se cantan desde el mismo lugar, desde las entrañas.  

‘Detectives’ abre el disco y sirve como homenaje para la banda que le acompaña en este trabajo –adelantado en exclusiva por El País-. Novedad pero no sorpresa, ya eligió esta fórmula en Avería y redención #7, firmado por “Quique González y la Aristocracia del Barrio”, por ejemplo. Si bien no alcanza el grado de modélico de su anterior álbum, Delantera mítica (2013) –Una de las obras más compactas y estructuradas de su discografía-, esto permite encontrar diferentes registros, distintos relatos. Una de las más interesantes es contada a través de ‘Charo’, que da nombre y música a todas las relaciones esporádicas, pendientes de una señal que nunca llegó pero que acaban ancladas en nuestra memoria. “Charo, no sé lo que viste en mí, he pensado en llamarte mil veces, ya sabes que sí”, canta el músico madrileño en la única colaboración del disco, dónde la voz de Carolina ‘Nina’ De Juan –cantante y líder del grupo Morgan– cala hasta lo más hondo.

La producción musical es notable y mezcla con el cuidado de sus textos, un habitual en su cuaderno y que reventó el techo con Daiquiri Blues (2009).  Sí se ven diferencias con sus pasados trabajos, sin llegar a poder considerarse una ruptura. Ricky Falkner habitual en el sector más indie de la música española –Love of Lesbian o Sidonie, entre muchos otros- ha sido parte en Me mata si me necesitas. Uno que repite es Edu Ortega, esta vez su violín destaca como nunca, siendo protagonista en algunos de los momentos más emotivos que se pueden escuchar en este álbum. El sonido te lleva al norte, acompañando el viaje que el propio Quique González hizo tras abandonar su Madrid natal para asentarse en Cantabria.

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Portada de ‘Me mata si me necesitas’.

El rock and roll viene de la mano de dos piezas: ‘Sangre en el marcador’ y ‘No es lo que habíamos hablado’, donde las guitarras rugen. La primera recuerda, salvando las distancias, al espíritu combativo que sorprendió en su debut con Personal (1998). Es, por cierto, la canción más larga de las diez que integran el álbum, con 4:19 minutos. La segunda en cambio evoluciona desde la tranquilidad del piano hasta la rabia. “Vivo en un país enfermo que se muerde las uñas”, una de las pocas referencias sociales que se escuchan en el disco. En sus letras aparece el nombre del disco: “Me mata si me necesitas… Esto no es lo que habíamos hablado y aun así me quedaría”.  También hay espacio para la faceta intimista, esa que tantos seguidores le ha otorgado gracias a trabajos como Kamikazes enamorados (2003). ‘Cerdeña’ es otra muestra habitual del ejercicio de estilo que acostumbra a realizar: “Da igual cuando aprieten el gatillo ya sabrás que estoy loco por ti, tan sólo me pilló desprevenido”.

“Papa, la casa huele a mama, necesita una capa de pintura”

La mayoría de las grandes composiciones de Quique González necesitan escuchas en el paladar para llegar hasta ellas. Masticarlas con frecuencia hasta conseguir su verdadero sabor, como ‘Los Conserjes de noche’, ‘Salitre’, ‘Dallas-Memphis’, ‘No encuentro a Samuel’ y un largo etc. Sin embargo, en la canción cumbre de este álbum, ‘La casa de mis padres’, tan sólo con una escucha se entiende su gigantesca dimensión. Una disección emocional desde el primer acorde sobre la marcha de los seres queridos, cómo afrontar su perdida y, sencillamente, cómo no sentir culpa. Durante los dos primeros minutos, González nos sitúa en la pena, en la añoranza: “Papa, la casa huele a mama”. La entrada en tromba de la banda, encabezada por el excelente violín de Edu Ortega, eleva la tensión y la crudeza de la historia en un minuto y medio final que deja sin aliento. “Luchar con la puta culpa… Saber si necesitas ayuda”.

Quique González ya alcanzó la consagración. Suma nueve discos de estudios más uno en directo. Ha pasado por gigantes de las discográficas y ha peleado a la contra creando un sello propio. Goza de un público fiel, cada vez mayor en número aunque a su vez más exigente. También se ha convertido por méritos propios en una de los favoritos de los medios musicales especializados. Habrá que esperar y degustar cómo acaba siendo situado Me matas si me necesitas en relación a la calidad de su discografía.  Sólo hay una cosa clara, sigue apeteciendo sentarse y darle al play cada vez que se publica un nuevo trabajo del madrileño, ese es el gran logro de Quique González.