Retrato de Ricardo III

Retrato de Ricardo III

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“Un caballo, mi reino por un caballo”

Es una de las citas más conocidas del inmortal William Shakespeare. El Bardo se la atribuye a Ricardo III, último rey medieval de Inglaterra de cuyo nacimiento se cumplen ahora 563 años. El Ricardo de la obra es un hombre violento, visceral y manipulador que no duda en traicionar a sus familiares y aliados para obtener la corona inglesa.

Con el fin de acentuar su maldad, Shakespeare nos describe a un hombre vil con aspecto infernal: “Aborto deforme, vil puerco hozador…marcado al nacer como hijo del infierno”, “jorobado lenguaraz”, “saco de ira, horrible bulto deforme, torcido de conducta y de figura” son algunas de las frases con las que retrata a Ricardo III, a lo que se suma el apelativo de jabalí (símbolo de su emblema). Shakespeare incluso recoge una leyenda que asegura que Ricardo nació con dientes como signo de su monstruosidad.

El futuro rey vino al mundo en 1452. Fue el cuarto hijo varón del Duque de York, uno de los nobles más poderosos de la isla. Con apenas nueve años Ricardo tuvo que marcharse exiliado a los Países Bajos tras perder a su padre, asesinado en la Batalla de Wakefield cuando se rebeló contra Enrique VI y reclamó la corona.

He aquí uno de los puntos de ruptura con la obra de Shakespeare. En la tragedia de Enrique VI, Ricardo lucha junto a su padre, algo del todo imposible pues era solo un niño, y luego junto a su hermano Eduardo. La realidad histórica nos dice que Ricardo no regresó a Inglaterra hasta el triunfo de su hermano en la Batalla de Towton. La victoria de los York permitió a Eduardo ser coronado, momento en el que Ricardo fue armado caballero y nombrado Duque de Gloucester.

Mientras vivió Eduardo IV, Ricardo fue uno de sus servidores más fieles y leales, a diferencia de su hermano Jorge, a quien Shakespeare le adjudica este papel presentándole como víctima de las maquinaciones de Ricardo. Jorge intentó arrebatar la corona a Eduardo y posteriormente estuvo cerca de pasarse al bando Lancáster, al que abandonó en el último momento.

La invasión de Inglaterra liderada por el conde de Warwick y Margarita de Anjou, en la que reinstauraron en el trono a Enrique VI, provocó que Eduardo IV y Ricardo tuvieran que exiliarse de nuevo. Tras volver con un ejército, los tres “Soles de York”, como eran conocidos los hermanos, vencieron a los Lancáster en Tewkesbury. Shakespeare nos dice que tras esta batalla, Eduardo IV, Jorge de York y Ricardo apuñalaron turnándose al hijo de Enrique VI: Eduardo de Westminster. Lo más probable es que el joven Príncipe de Gales muriese durante la batalla o que fuese ahorcado junto al resto de prisioneros.

Primera página de la obra Ricardo III de Shakespeare

Primera página de la obra Ricardo III de Shakespeare

Enrique VI fue asesinado poco después en la Torre de Londres. Nuevo mito introducido por Shakespeare: según su versión, Ricardo III asesinó con sus propias manos al depuesto rey. Lo más probable es que la orden de asesinar a Enrique VI viniese de Eduardo IV, quien había comprobado que mantenerle con vida suponía un grave peligro para la paz del reino.

Años después, Jorge de York fue apresado bajo la acusación de practicar brujería contra Eduardo IV y su esposa. Continuando con los mitos de Shakespeare, el Bardo afirma que Ricardo envió a unos esbirros para asesinar a su hermano antes de que el rey se arrepintiera y le pusiera en libertad. La realidad histórica es otra: tras un juicio sumario, Jorge fue declarado culpable y ejecutado privadamente en consideración a su calidad de noble.

La salud de Eduardo IV se fue debilitando hasta su muerte en 1483. El rey nombró al siempre leal Ricardo Lord Protector del Reino, encargándole la protección de sus hijos: el heredero Eduardo V y Ricardo. A partir de ahora sólo podemos entrar en el terreno de la especulación. Mientras una comitiva de nobles acompañaba al joven Eduardo V para ser coronado en Londres, Ricardo envió una hueste armada, se apoderó del Príncipe y le encerró en la Torre de Londres.

Ricardo podría haberlo hecho para garantizar la seguridad del joven o para apoderarse de su persona y utilizarlo como arma política en su enfrentamiento con la reina madre: Isabel Woodville. Poco después también se hizo con el pequeño Ricardo. La fecha de la coronación del Príncipe se fue dilatando a medida que aumentaban los recelos entre el Protector y la Reina.

Finalmente Ricardo decidió coronarse a sí mismo. No sabemos con certeza si fue por mera ambición personal, habiéndolo planeado todo desde el principio, o para garantizar su seguridad al temer perder toda influencia política si coronaba a Eduardo V. Sus sobrinos fueron mantenidos en cautiverio y desaparecieron de la historia. No sabemos qué les ocurrió, aunque en 1647 se encontraron en la Torre huesos de niños que imputaron a los “Príncipes de la Torre”, sobrenombre con el que pasaron a la historia los infortunados hijos de Eduardo IV.

Los dos 'Principes de la Torre' en un retrato del siglo XIX

Los dos ‘Principes de la Torre’ en un retrato del siglo XIX

La ruptura fue total. Isabel se alió con Enrique Tudor, descendiente por línea ilegítima de los Lancáster. Ricardo intentó reconciliarse con ella proponiendo casarse con su sobrina Isabel, hija mayor de Eduardo IV. Las tentativas fueron un fracaso. Finalmente, un ejército invadió Inglaterra en 1485 y derrotó al rey en Bosworth. Aquí fue donde Shakespeare retrata al rey pidiendo inútilmente un caballo para salvar su vida.

El vencedor se casó con Isabel de York y unificó las dos ramas que pugnaban por el trono. Durante el reinado de Enrique VIII, Tomás Moro retrató a Ricardo III como un monstruo vil, cruel y ambicioso. Aquella versión le llegó a Shakespeare, cuya tragedia sobre Ricardo III ha condicionado por siempre los prejuicios históricos sobre la figura del rey.

Hay que reseñar que estos dos autores escribieron sus obras durante el gobierno de los Tudor. La obra de Shakespeare, pese a su elevadísima calidad literaria, también responde a un acto de propaganda para legitimar la invasión de Enrique VII que derrocó a Ricardo y, por tanto, realzar la legitimidad dinástica de Isabel I, reina en aquel momento.

El hallazgo del cuerpo de Ricardo en 2012, tras siglos desaparecido, ha resuelto uno de los dilemas. El famoso aspecto jorobado del rey se debía a que padecía escoliosis. Este rasgo fue magnificado para integrar un retrato psicológico de Ricardo como un monstruo acomplejado que odiaba a la humanidad debido a su fealdad.

Reivindicando a Ricardo III

Los historiadores del último siglo han tendido a desvincularse de la historiografía tradicional, que adoptaba un punto de vista muy negativo respecto a la figura de Ricardo III. Aficionados y profesionales de la Historia han creado asociaciones reivindicando su figura, como la “Ricardo III”. Todo ello ha llevado a un juicio popular más favorable, demostrado durante el funeral y entierro de Ricardo III en la Catedral de Leicester, hecho que tuvo lugar en marzo de 2015.

La historia no es blanca o negra, está compuesta de grises y, por ello, cada periodo tiene sus luces y sombras. Ricardo III, pese a lo repulsivo que resulte en las tragedias de Shakespeare, no fue una excepción. Para los interesados en ver una versión más neutral en el tratamiento de la figura de Ricardo, recomendable la serie La Reina Blanca.