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Cartel de apoyo oficial a Bernie Sanders, en español.

A Bernie Sanders se le llama “abuelo” en el espectáculo político que suponen las Elecciones estadounidenses. Tiene 74 años. La gran estrella de las primarias, el republicano Donald Trump, tiene 69. Su mayor rival en la disputa por ser el nominado por el partido Demócrata, Hillary Clinton, suma 68 primaveras. La diferencia de edad entre los tres no es excesiva. Sin embargo sólo a Sanders se le llama “abuelo”.  Trump ha hecho de su flequillo su marca distintiva, una buena forma de responder a las críticas que recibe su peinado. Clinton por su parte muestra una estética elegante, clásica. A Sanders le llaman “abuelo” por su físico, haciendo hincapié en los, totalmente blancos, mechones de su pelo. Porqué en ideas el “abuelo” Sanders ha logrado conectar con la juventud estadounidense, siendo su principal candidato. Aun así, la victoria de Clinton en las primarias de Nevada -52,7% a favor suya, 47,23% a favor de Sanders- deja a la que fuera Secretaria de Estado (equivalente a Ministro de Exteriores en España) durante el primer mandato de Barack Obama en una posición favorable de cara a ser la primera presidenta de los Estados Unidos.

Pese a todo, nadie da por derrotado a Sanders. En el pasado mes de octubre se daba por hecho la nominación de Hillary Clinton por el partido Demócrata. Sólo un nombre parecía capaz de disputar el puesto, el vicepresidente y eterno candidato Joe Biden. Tras semanas de especulaciones, anunció oficialmente que no se presentaría, aludiendo a diferentes razones personales. Los focos se ponían en Clinton. Meses antes, en abril, el senador de Vermont Bernie Sanders citó a la prensa frente al Capitolio. En un nada espectacular acto afirmó que quería ser el nominado por el Partido Demócrata. Habló de desigualdad, de ricos y de pobres. Expuso que haría una campaña limpia, basada en el debate y huyendo de rencores o golpes bajos. Tras un tiempo, Sanders empezó a ser una opción. Su campaña, más barata que la de Clinton la cual cuenta con una estructura mucho más sólida, creció como la espuma.

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“Los candidatos republicanos dicen que nuestros hermanos y hermanas gays no deberían tener derecho a casarse: No estoy de acuerdo”.

Pocos son los expertos analistas electorales que sean capaces de entender el transcurso de estas elecciones. Donald Trump se erguía con propuestas tan estrambóticas como prohibir la entrada a los musulmanes en tierras norteamericanas.  Se daba por hecho que el ‘boom’ del candidato republicano caería por su propio peso, víctima de los mismos discursos con los que trataba de hacerse un hueco frente al teórico favorito, Jeb Bush. Meses después de esto, tras sus malos resultados en Carolina del Sur, el hermano pequeño de George W. Bush se retiraba al no ser capaz de levantar unas encuestas –y realidades- que le situaban en cuarto lugar, tras Ted Cruz, Marco Rubio, y el imparable Trump. Quien camina, de manera casi definitiva, con el traje de candidato republicano. Si el partido Republicano era capaz de encumbrar a un líder que fantasea con levantar un muro para evitar la llegada de inmigrantes mexicanos, en el Demócrata un socialista optaba al poder.

‘Socialista’, en Estados Unidos, era hasta hace poco una palabra que auguraba la crítica masiva de la sociedad. Sanders, pese a ser considerado un independiente, se presentó como demócrata para tener más posibilidades de victoria. El efecto Sanders ha conseguido que Clinton incluya temas sociales en sus discursos: desigualdad, sanidad, diferencia salarial –una de las grandes propuestas de Sanders consiste en la subida del salario mínimo-. La candidata adaptó su retórica, consciente de la conexión que su rival mantiene con clases bajas así como con la juventud o los afroamericanos. En cambio, el voto latino, muy a favor de Clinton, es el principal argumento de cara a las  próximas fechas –el supermartes– que se antojan como decisivas en la carrera presidencial.

El multimillonario Trump logra apoyos día tras día.  A su estilo faltón sus detractores lo tachan de maleducado, mientras que el mensaje cala en electorado: Dice lo que nadie se atreve a decir. El partido Republicano se muestra expectante. Otros candidatos como Ted Cruz o Marco Rubio, los únicos capaces de mantenerse a la cola de Trump, mantienen un perfil más acorde y presidenciable. Una nueva generación conservadora que se ha dado de bruces con el huracán Trump.

Bernie Sanders por su parte se mostró orgulloso pese a derrota en Nevada. “Hemos llegado muy lejos”. Durante los últimos días, la actriz Susan Sarandon, se sumó activamente a su favor en la campaña. Numerosas representaciones artísticas aparentemente espontaneas han alzado al senador de Vermont, como en su momento catapultó a Barack Obama para remontar a Hillary Clinton en el 2008. Sus opciones parecen escasas, pero nadie parece por la labor de enterrar su victoria.