Año 2038. 19 de enero. Tres y cuarto de la madrugada en España. Y entonces, la tecnología dejó de funcionar. Lo que podría ser un cuento de ciencia ficción no lo es tanto. Esa es la hora exacta en la que la tecnología dejaría de funcionar debido al reloj interno de toda máquina. Pero pongámonos en antecedentes.

En los años 90 la población abrazaba a pasos agigantados la tecnología, pero se avecinaba una tormenta. Los sistemas que codificaban en dos dígitos los años (98, 99) tendrían que reiniciarse al entrar en un nuevo milenio y deberían volver al doble cero para marcar el año 2000.

Los informativos, la población y las grandes empresas entraron en pánico de sólo pensar que todo lo tecnológico, ascensores, ordenadores, móviles o cámaras de seguridad, dejarían de funcionar. Se llegó a decir que los aviones se caerían del cielo. Con tal paranoia global, el Gobierno de José María Aznar impulsó una campaña en colaboración con TVE para concienciar sobre aquel efecto.

Year_2038_problem

Llegó el 1 de enero del 2000 y… no pasó nada. Todo siguió como siempre, la tecnología siguió su orden natural y ningún avión se cayó. Y ahora, echando la vista atrás, cualquiera podría pensar en lo ingenuos que fuimos. El problema del año 2038 es similar, pero no del todo.

Para que nos entendamos, todo elemento tecnológico cuenta con un reloj interno, de 32 dígitos, que va contando cada segundo que pasa en código binario es decir, ceros y unos. Este código se descodifica y podemos observar el día, el mes, y la hora en cualquier momento. Pero estos 32 dígitos tienen un límite y ese es el 19/01/2038 a las 03:14:07 según el meridiano de Greenwich (GMT).

Una vez que llegue esa fecha, los 32 números del reloj de 32-bits se ‘reiniciarán’ y la fecha, en lugar de continuar en 2038 pasará a 1901; en concreto el 13 de diciembre. Pero todos tranquilos, la mayoría de sistemas se encuentran ya con un reloj de 64 bits, que pospone el problema para mucho más adelante. En concreto para el año 292.277.026.596,  si es que para ese año la raza humana sigue poblando el planeta.

Por suerte, para los sistemas antiguos de 32 bits, aún tienen 23 años para migrar. Y los poseedores de un móvil tan vetusto el mismo tiempo para cambiar de dispositivo. Un fallo informático que se puede encarar con más calma que el temido efecto 2000.