Proclamación del Estado del Gran Líbano, el 1º de septiembre de 1920. En la imagen aparece (al centro) elgeneral francés Gouraud con el Gran Muftí de Beirut, Sheikh Mustafa Naja. A su derecha, el Patriarca maronita Elias Peter Hoayek.

Proclamación del Estado del Gran Líbano, el 1º de septiembre de 1920. En la imagen aparece (al centro) elgeneral francés Gouraud con el Gran Muftí de Beirut, Sheikh Mustafa Naja. A su derecha, el Patriarca maronita Elias Peter Hoayek.

En la actualidad puede que la nacionalidad francesa sea uno de lo distintivos más peligroso en el terreno que delimita Siria o, al menos, uno de los más odiados. Puede que en Francia pase algo similar, tras los atentados que salpicaron el país el pasado 13 de noviembre. Pero hubo un tiempo en el que ambos territorios no solo tenían una buena relación sino que formaban parte del mismo imperio, el francés. No fueron más de 30 años, pero este periodo de tiempo sirvió para poder ver la bandera francesa ondeando en las instituciones de Damasco y para que se construyeran las bases de lo que hoy conocemos como la actual República Árabe Siria, un Estado que ni se dibujaba antes del siglo XX. Unas décadas convulsas e inestables con dos guerras mundiales de por medio, pero que fueron claves para el futuro de ambos territorios aunque, solo unos años después, la cosa cambiara por completo.

Mandato Francés de Siria o Mandato Francés de Siria y Líbano, así se conocía al protectorado creado por los galos en los territorios ganados a los otomanos en la zona de Siria y Líbano. Unos territorios que, aunque nunca habían sido Estados independientes, sí se consideraban delimitados, sobre todo, desde que los estrategas aliados Sykes (británico) y Picot (francés) dibujasen (algunos dicen que borrachos y con un lápiz a mano alzada) la actual división de los países de Oriente Medio. Todo había empezado cuando en plena I Guerra Mundial, el decadente Imperio Otomano decidió entrar en la contienda del lado de los alemanes y los austrohungaros con la idea de hacerse con una parte del pastel que soñaban repartirse sus aliados.

Los británicos y franceses prometieron un Estado Islámico único a los árabes enemigos de los otomanos, comandados por el emir de la Meca, y eso facilitó la Rebelión Árabe que acabó por fulminar al Imperio (de ahí viene la historia de Lawrence de Arabia). Tras esta caída, las potencia occidentales traicionaron a sus aliados árabes y en el Tratado de Versalles, que puso punto y final a la Gran Guerra, decidieron repartirse los territorios árabes sin contar con los rebeldes que les habían ayudado. En los acuerdos, el terreno se fue dividiendo en varios países inventados por los ganadores y se repartieron la zonas de influencia, una para Reino Unido y otra para Francia, dentro de la cual se encontraba la actual Siria.

Mapa del acuerdo Sykes-Picot

Mapa del acuerdo Sykes-Picot

Así, a partir de 1919 y hasta 1946, cuando acabó la II Guerra Mundial, el territorio de Siria se consideró un territorio francés más como podrían ser las Antillas Francesas o Argelia, aunque con algunos matices. La Sociedad de Naciones (algo parecido a la actual ONU) acordó que estas colonias serían solo temporales, pero ni británicos ni franceses tenían muchas ganas de perder esos terrenos tan fértiles y los administraron como otros de sus protectorados. El odio a lo francés fue creciendo con el tiempo y los galos se vieron obligados a sofocar grandes revoluciones como la que explotó entre 1925 y 1927, comandada por el sultán Sultán al-Atrash, exigiendo la independencia del territorio. En 1938, la metrópoli se vio obligada a ceder terrenos sirios, la zona de Antioquía, a la actual Turquía generando un rechazo identitario casi total.

Pero no sería hasta 1946 cuando el territorio sirio consiguiera independizarse de Francia, tras la Segunda Guerra Mundial. La zona, en manos del Gobierno filonazi de Vichy al invadir el país galo, fue recuperado por las tropas de la Francia Libre en 1941. Estas, comandadas por el General De Gaulle, prometieron que tras acabar la guerra darían la independencia total al lugar, convirtiendo el país inventado por los propios galos en un Estado independiente. Para acabar su desastrosa experiencia, dejaron al mando de su protectorado a una serie de generales sirios que comenzaron una lucha sin cuartel por el poder en el país y que se extendió hasta la dictadura soviética establecida por el padre de Bashar Al Assad, Hafed Al Assad, en 1970.

En la actualidad, la relación no podría ser más tensa tras la guerra de Siria, pero algunos ya se aventuran a decir que lo que buscan los franceses, entre otras cosas, es recuperar esos protectorados de principios de siglo XX. Es una teoría sin mucho fundamento pero, ante la realidad del avispero sirio, es casi imposible prever qué puede pasar con este Estado independiente creado por los propios extranjeros que ahora buscan definir su futuro.