Pie de foto: Ainhoa Valdés e Irene García / Alejandro Martínez Velez. 

Actualización: Debido a la transcendencia del suceso, Ainhoa Valdés e Irene García  evitan la pena de dos años y cuatro meses de cárcel. Según confirman ellas mismas, ingresarán en un centro de reinserción el próximo lunes, donde deberán pasar un periodo de tres semanas antes de recibir el Tercer Grado y poder salir durante el día para trabajar, como ambas solicitaban en este artículo. Deberán seguir este régimen durante dos años, aunque puede ser reducido. Sin embargo, Ainhoa ha perdido su trabajo como dependiente de una tienda de ropa como consecuencia de los hechos. Al pasar dichas tres semanas, podrían incluso hacer vida en su propio hogar si se les concede la posibilidad de llevar una pulsera telemática que controle sus movimientos. Opción que cobra fuerza para Irene, quien tiene un hijo pequeño. “Esperábamos más, pero al menos es algo”, responde ésta última un día después de conocer su pena final. 09/04/2015.

Puedes leer el artículo original a continuación:

“Hay varias formas de pedir perdón: la clemencia, la piedad y el indulto”, dijo Benedetti. Y el indulto es lo que piden Ainhoa Valdés e Irene García tras recibir una carta que anuncia el ingreso de ambas en prisión. Fue a mediados del mes de marzo cuando el correo llegó de parte del Juzgado número 12 de lo Penal de Madrid; éste indicaba que ambas debían ingresar antes del 25 de marzo. Pero todavía no lo han hecho porque consideran que han sido castigadas a una condena “desproporcionada”, teniendo en cuenta el delito que cometieron: dos años y cuatro meses de cárcel por gastar 800€ con una tarjeta robada.

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Irene García / Alejandro Martínez Velez

“Estafo 800 euros y tengo la misma condena que la Pantoja [en la actualidad cumple condena de dos años de cárcel por blanqueo de dinero]”, señala Ainhoa, quien ahora teme que las autoridades simplemente estén esperando a que la tormenta mediática se calme y entonces irán a por ellas. “Si no estamos todavía dentro es gracias a los medios de comunicación”. Su delito lo cometieron hace siete años. Ahora piden por segunda vez indulto al Ministerio de Justicia y, mientras esperan su respuesta, han presentado un recurso a la Audiencia de Madrid para que se suspenda la ejecución de la pena. Además, han lanzado una campaña de recogida de firmas a través de Change.org para conseguir un mayor apoyo ciudadano.

Aún recuerdan aquella tarde de agosto de 2008 en la que se encontraban sentadas en un parque junto a una conocida llamada Sonia (nombre ficticio para proteger su identidad) cuando un hombre, que no habían visto anteriormente, les ofreció comprar lo que ellas quisieran con una tarjeta robada, siempre y cuando le ayudasen a adquirir un portátil. Por aquel entonces Ainhoa tenía 21 años e Irene hacía dos meses que acababa de cumplir los 18. Sin embargo, Sonia todavía no era mayor de edad. Considerando que no habría un mal mayor, más allá de pagar una multa, aceptaron y se dirigieron a El Corte Inglés donde compraron con la VISA Oro robada un mp3, dos móviles y un perfume bajo la atenta mirada del desconocido, quien se mantuvo a distancia durante los 25 minutos que estuvieron y al que solo se acercaban para darle lo comprado.

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Ainhoa Valdés / Alejandro Martínez Velez.

Según comentan, quien se encargó de firmar los resguardos de las compras  fue su compañera Sonia porque “era la que más se parecía a la del DNI”, apostillan. Mientras tanto, ellas se distraían mirando los escaparates, “en los vídeos se ve cómo aparece ella [Sonia] firmando”, asegura Irene. No obstante, el plan se les torció cuando la tarjeta no daba más de sí para comprar el portátil “y los encargados vieron que era una VISA oro y, claro, se dieron cuenta de qué hacían tres chiquillas con ella”. Finalmente, el desconocido huyó con las compras y ellas fueron arrestadas.

Tres años más tarde fueron condenadas a pagar 1.600€, a devolver los 800€ a la persona perjudicada y a 2 años,  4 meses y 16 días de cárcel  por un delito continuado de estafa y otro de falsedad en documento mercantil. “No es un delito continuado, no robamos un día y después otro. Todo fue en el mismo sitio, el mismo día”, protesta Irene. “Además, nosotras no firmamos. Se ve en los vídeos de la tienda”, añade. “Yo no necesitaba robar, yo tenía trabajo”, explica Ainhoa.

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Solicitud del primer indulto, en el 2012 / Alejandro Martínez Vélez.

Por otra parte, ambas aseguran que su abogada de oficio no hizo todo lo posible por defenderlas ni antes ni durante ni después del juicio que tuvo lugar en 2011. “Para pedir el primer indulto [2012] la abogada nos dijo que fuésemos al Ministerio de Justicia y rellenásemos un papel. Fuimos solas, entregamos vida laboral, currículum  y la hoja a rellenar de por qué lo pedíamos, pero sin añadir argumentos jurídicos porque no sabíamos qué había que poner”, explican. Por otro lado, Irene cuenta que durante las cuatro horas que duró el juicio, su abogada no dijo ni una sola palabra.  “Asentía todo el rato. Aceptaba todo. Casi nos echan de la sala por estar Ainhoa y yo defendiéndonos”. Además, añade que la letrada instó a Irene a que dijese que ella había sido la que había firmado. “¿Cómo iba a decir que había firmado?, después se vio en los vídeos que Ainhoa y yo no habíamos firmado nada”, asegura la joven. Por otro lado, cuentan que tras conocer la sentencia la abogada tan solo les envió  un mensaje de Whatsapp con un “tenéis que entrar a prisión voluntariamente”.

“Ya no pedimos el indulto, pedimos aunque sea  poder salir y entrar de la cárcel sólo para trabajar y así pagar las facturas de casa”

Y así lo hizo Ainhoa, pensando que su calvario ahí terminaría: permaneció encerrada dos meses y 16 días coincidiendo con la época de Navidad. Después le dieron el Tercer Grado. Irene, sin embargo, acababa de ser madre y no lo hizo.    En la actualidad, Irene trabaja como cocinera en un restaurante y con el dinero que gana salen adelante ella y su hijo. Teme que la asistenta social  le quite a su hijo si entra en la cárcel. “Al principio no pensaba en esa idea, pero lo pienso y sé que puede pasar. Mi hijo se quedaría con mi madre, pero ¿y si mi madre no puede mantenerlo? Somos cinco hermanos y ellos viven gracias al sueldo de mi madre”, lamenta. Por otro lado, a Ainhoa pensaban ascenderla como encargada en la tienda de ropa donde trabaja, pero lamenta que al conocer en su trabajo lo que le está sucediendo esto no sea posible y tan solo “estén esperando a que me marche”. ¿Y si el indulto es denegado por segunda vez? “Ya no pedimos el indulto, pedimos aunque sea  poder salir y entrar de la cárcel sólo para trabajar y así pagar las facturas de casa”, cuentan.

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Irene y Ainhoa, agarrándose las manos / Alejandro Martínez Velez.

El mayor castigo para ellas no ha sido solo la multa y la condena de cárcel sino también el hecho de tener que ir por la calle y que las llamen “estafadoras” o “ladronas”. “Y no puedo decir nada, no puedo darme la vuelta y gritarle cuatro cosas porque es verdad y cada uno tiene su opinión”, asume Ainhoa. El mayor apoyo que han encontrado, en cambio, ha sido en su familia, quienes día tras días les animan a seguir adelante con la realidad, y en su nuevo abogado, de pago, que les ha ayudado a realizar los trámites necesarios para presentar por segunda vez la petición de indulto y el recurso ante la Audiencia Provincial.