Cartel del Ignatius Day en la Casa Encendida/ Diseño por Julia Sardá

Cartel del Ignatius Day en la Casa Encendida/ Diseño por Julia Sardá

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“Tuve que resignarme a ser como ellos me ordenaban, a aceptar sus juicios y sus rechazos. A comprobar una vez más que no todos pueden ver más allá de su aliento”

John Kennedy Toole nunca pudo ver publicada su obra y tuvo que recibir hasta el premio Pullitzer desde la tumba en la que descansaba después de haber decidido quitarse la vida por, entre otras cosas, el continuo rechazo de las editoriales a su manuscrito de ‘La Conjura de los Necios’. Tuvo que ser su madre, Thelma Toole, la que recogiera todos los premios y el éxito de la obra de su hijo que solo por el empeño maternal y su buen ojo literario pudo llegar a verse en las librerías de medio mundo. Y menos mal que tuvo ese empeño porque sin él y la ayuda del escritor Walker Percy, que hizo de mecenas, no habríamos podido disfrutar de las aventuras locas del raro Ignatius J. Reilly y de toda la pandilla de Nueva Orleans que le rodea en su quijotesca lucha por encontrar un trabajo y sobre todo conseguir encender una gran revolución.

Lo que no podría haber imaginado ni la madre, ni Percy, ni las editoriales ni el mismísimo Toole es que la trayectoria de la primera novela del joven John, tenía 30 años cuando la escribió, llegaría a ser tan grande. Cuando la escribió, en 1961, la obra fue rechazada una y otra vez por todas las editoriales a las que el estudioso Toole acudió, él sabía de la calidad de lo que escribía pero parece que el resto dudaban de ello bastante. Hubo una, Simon & Schuster, que estuvo a nada de publicarla pero parece ser que se echaron para atrás por el argumento de la novela, dijeron que no trataba de nada en particular y que con un argumento así era imposible que triunfara. Pero años después se vio que en la sociedad, al menos a partir de 1980, la vida del Quijote Ignatius J. Reilly sí parecía interesante y llamativa tanto al público en general como a la crítica más académica. Pasó en pocos años de convertirse en una obra olvidada en un cajón por un escritor suicida y frustrado a entrar por la puerta grande en las mejores estanterías de literatos del mundo, y eso que la obra no trataba de nada en particular.

Portada de 'La Conjura de los necios'

Portada de ‘La Conjura de los necios’

Muchos hablan de que, por las similitudes con los pasos que fue dando Toole en su vida, la Conjura de los Necios es una obra casi autobiográfica, con muchos matices y en un contexto alocado que casi roza lo satíricamente imposible, pero que lejos de tratar de nada como decían en Simon & Schuster, la Conjura trataba de todo lo que es una vida. Un estudiante de éxito y postín, siempre enganchado al idílico mundo académico, que al darse cuenta de que tiene que entrar en la realidad del mundo es incapaz de aceptarla, todo sazonado con unas continuas dosis de humor inteligente y sarcástico que critica a cada página una sociedad loca y corrompida. Una actualización y adaptación del Don Quijote de Cervantes a la sociedad estadounidense de mediados del siglo XX que valió para ganar un Premio Pullitzer y para convertir a Ignatius en uno de los personajes más icónicos de la literatura contemporánea.

La ciudad de Nueva Orleans también juega un papel clave en toda la obra convirtiéndose en un personaje en sí misma donde transcurre y crecen los distintos locos que se cruzan en la vida de Ignatius, una ciudad convertida en un mundo aparte en la que la locura y la sinrazón parece apoderarse de todas las situaciones. Según cuentan, Toole debió tener esa perspectiva cuando decidió escribir la obra, pasó de vivir en Columbia y tener su día a día entre universidades a tener que ganarse el pan deambulando por su ciudad natal. Una Nueva Orleans aquejada por todos los problemas sociales del sur estadounidense como los problemas raciales, los problemas con los homosexuales y la corrupción. En ese mundo escribe John su obra y con esa idea marca la vida de Ignatius y sus compañeros de viaje.

Muchos hablan de la Conjura de los Necios como una rara avis, una obra maestra y ejemplar que nace prácticamente de la nada y que es imposible igualar, otra semejanza con el mundo del Quijote y que ensalza más el papel de la obra en sí como algo casi metafísico que el propio genio del autor al que se le considera poco más que un hombre tocado con una varita mágica. Tan difícil es definir el argumento de la obra como encasillarla en un estilo o en una corriente literaria. Cercana a la Generación Beat no termina de encajar con autores clave de ese grupo como Jack Kerouac o William S. Burroughs.

Lo que sí parece claro es que es una obra transgeneracional y que parece no pasar de moda nunca. Una historia tronchante a la par que crítica con una sociedad de “necios” en la que Ignatius con todas sus excentricidades o locuras puede ser cualquiera de nosotros en algún momento de nuestra vida.