La vida es guerra y José Manuel Conejo Torres decidió hace ya más de 20 años que la música sería su aliado. Tan sólo ha pasado una semana desde que Monstruos, su tercer disco de estudio en solitario, se publicara y su éxito comercial ya parece incontestable. Leiva se ha convertido por derecho propio en un referente de la música nacional española hasta tal punto que ya no sorprende que su nombre haya sido el elegido por Joaquín Sabina para producir el nuevo disco del cantautor de Úbeda.

El que fuera integrante, junto a Rubén Pozo, del dúo Pereza comenzó su andadura en solitario al poco de la separación oficial del grupo con Diciembre (2012) al que le seguiría Pólvora (2014). Para no perder el ‘timing’, Leiva regresa dos años después con un disco que pese a seguir las pautas de sus antecesores muestra una escucha dispar. Aunque suene obvio, este nuevo álbum nos muestra los monstruos de Leiva, esos todos que guardamos en el interior y que tanto nos acobardan. Unos monstruos que aunque abandonamos en la infancia se anclan en forma de responsabilidades o dilemas.

La madurez artística del criado en el barrio de Alameda de Osuna, Madrid, lleva ya tiempo consagrada. La propia comunicación con la que se han ido despejando las dudas de Monstruos es otro ejemplo del que no tiene nada que demostrar. Hasta cinco adelantados se han podido escuchar antes de la publicación del álbum. Todo comenzó con ‘Sincericidio’, único videoclip propiamente dicho hasta el momento –otros han sido catalogados estrictamente como “Lyric video”- hace dos meses. Nada más empezar, un riff de guitarra, un duelo, un saludo a Ennio Morricone. Leiva experimentaba, casi como nunca, y funcionaba.

La pista que abre el disco es ‘El último incendio’, una canción que cumple con la máxima del pop, rock, rock and roll y el sin fin de géneros; se escribe a lo triste, lo alegre se disfruta. Un tema con numerosos coros y pegadizo en el mejor sentido musical de la palabra. “Nuestra revolución era una ensoñación, fin de la historia”, cierra Leiva.

A partir de ahí, comienza el show. Y es que ‘Guerra Mundial’, ‘Sincericidio’ y ‘Breaking bad’ se adentran en terrenos de juego a los que Leiva no nos tenía acostumbrados. La última de las tres empieza con un guitarreo que nos hace visualizar a M-Clan, esperando que la voz de Carlos Tarque. Guiño entendible ya que como pasó con Pólvora Carlos Raya repite en la producción del disco. Si ‘Guerra Mundial’ y ‘Sincericidio’ presumen de originalidad, en ‘Breaking bad’ Leiva tira de entrañas, lo que supone una clara evolución de sus textos: “La gloria me ha tumbado en el segundo asalto, demasiado humo, demasiados pactos”. Menos definido que sus predecesores, Monstruos invita a los detalles, como ese silbido que estructura y casi acapara ‘Dejándose caer’.

Una joya reluce especialmente. ‘La lluvia en los zapatos’ –que fue adelantado- comienza con unos versos canallas que podrían estar firmados por Pereza –faceta granuja de la cual Leiva nunca ha renegado-: “Yo me aburría de la chica que tenía entonces, tú te vengabas de tu novio de siempre”. Para luego pasar a otro nivel: “Y a ti te saldrán alas, yo seguiré rodando, no entiendo esas miradas, teníamos un trato”. También hay espacio para el romanticismo, ya que el álbum toca prácticamente todas las temáticas básicas del pop-rock. ‘Hoy tus ojos’ es un ejemplo. “Hoy tus ojos, mañana el mundo, algún día los dos”, pero sin dejar de lado un cuidado sonido de vientos.

De esa misma gama, sale un viejo conocido de los fans de Leiva, puesto que ya la había interpretado en diversas ocasiones, ‘Palermo no es Hollywood’. Una declaración de amor en toda regla “Te echo de menos, a muerte, te echo de menos, tan fuerte” y con un caluroso homenaje a algunas de sus influencias más destacadas de la música argentina, Andrés Calamaro, Fito Páez, Pappo y Charlie García.

“Cuando te acuestes sin miedo y los fantasmas ondeen tu bandera y grites en el desierto y busques un enemigo al que ganar la guerra”

A estos se suman ‘Electricidad’, que como su propio nombre indica es una eléctrica pieza de rock and roll que juega con los altibajos. ‘San Sebastián-Madrid’, que gira en torno a la distancia, física y sentimental. O ‘Medicina’, un ajuste de cuentas: “Monstruos te retorcerán, en la noche más jodida, cuando vas a probar tu medicina”.

Por último, está ‘Monstruos’, que da nombre al disco. Una guitarra acústica marca los acordes que, de forma cruda, manejan esta canción de (auto)ayuda: “Que todos esos monstruos, debajo de la cama, se cuelan en tus sueños tan rápido, impúlsate en mis hombros, apóyate en mi espalda, perdona si no prende la llama”. Esta es la trinchera de José Manuel Conejo Torres y es que siempre habrá monstruos, pero de momento hay Leiva para rato.