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Colin Farrel y Matthew McConaughey caracterizados en True Detective.

Nic Pizzolatto ideó una serie que permite respirar cada aliento, bruma o humo al espectador. Ahí nació True Detective, una obra que no ofrecía un producto novedoso, no dejaba de ser una serie de dos detectives encargados de resolver un caso, uno de los géneros más utilizados tanto en la pequeña como en la gran pantalla. Sin embargo, el boca a boca y la llegada de dos estrellas del cine a la televisión, Matthew McConaughey y Woody Harrelson, prendieron la chispa. El boom llegó en forma de corrillos en los trabajos para comentar qué había pasado al día siguiente de la emisión de los ocho episodios que completan la primera temporada. La HBO dio el visto bueno a la –realmente afortunada para el espectador- nueva tendencia televisiva: series de gran calidad, a todo coste. Desde el primer momento se dejó claro que True Detective cerraría las historias y los personajes en cada una de sus temporadas. Salvo sorpresa, los detectives ‘Rust’ Cohle y Martin Hart guardaban sus placas en marzo del 2014. El personaje que definitivamente uniría a McConaughey con la crítica, tras estar a punto de ser encasillado como actor de comedias románticas, dejó huella en los fans de la serie gracias a sus monólogos, miradas al vacío y pitillos consumidos.


 

Con esa herencia regresaba Pizzolatto y con él la segunda temporada de True Detective. La acción se desplaza de Louisiana a California. Los pantanos y la humedad dan paso a autopistas pegadas a la playa. En un inicio de temporada que deja ver un argumento más coral que su antecesora, sí se pueden ver coincidencias entre ambas partes. El primer guiño para los nostálgicos está en la propia cabecera, que sigue el excelente patrón marcado anteriormente aunque con una tonalidad más granate, todo ello con la música y la voz de Leonard Cohen y su canción Nevermind. Se escapa una ligera mueca al comprobar que tanto McConaughey como Harrelson figuran en los créditos, aunque sea como productores ejecutivos. El protagonismo se lo ceden a Colin Farrel, Rachel McAdams, Taylor Kitsch y Vince Vaughn. Tres policías de diferentes secciones y jurisdicciones con el último de los cuatro haciendo de criminal y empresario. El primer episodio apenas desgrana la historia que va a tener lugar, sirve más bien como presentación de los personajes. Como suele ser norma en las obras de Pizzolatto, sus hombres y mujeres están sumidos en un torbellino de autodestrucción que chocará de frente con sus labores como detectives, como verdaderos detectives. Lejos quedan, a priori, los momentos filosóficos y las reminiscencias de la literatura popular norteamericana -Chambers, Bierce, Lovecraft…- que tanto marcaron a los protagonistas de la primera temporada.

En víspera de su evolución, Colin Farrel se pone en la piel de un personaje que le viene como anillo al dedo. El actor irlandés, que ha comentado en varias entrevistas promocionales las ganas que tenía de meterse en proyecto como True Detective, ha visto cómo su prometedora carrera ha tenido menos claros que oscuros. Ray Velcoro parece destinado a hacer las delicias de los que aman los tipos duros con historias tristes que tan bien plasma Pizzolatto -tanto en pantallas como en la literatura con su novela Galveston-. Por otro lado, no queda ni rastro de la dulce Rachel McAdams protagonista de El Diario de Noa o de Una cuestión de tiempo. Corre de su cargo  el primer papel policial protagonista para una mujer en la serie, la sheriff Antigone Bezzeride, oscura como todo el aire que envuelve la obra. Otro de los estilos que se mantienen es la fuerza de las conversaciones que, aunque menos literarias, nos muestran de manera cruda cómo los personajes interactúan entre sí. El mismo tipo de conversación que conquistó a los espectadores en la primera temporada, tan importante era la difícil relación de amistad entre Rust y Martin como la resolución del propio caso.

Rachel McAdams

Rachel McAdams en True Detective.

El éxito de la primera temporada de True Detective marca cada peldaño de la escalera a la que se tendrá que enfrentar la segunda. Nic Pizzolatto tenía dos opciones a la hora de realizarla. Una consistía en imitar una versión de la original, manteniendo los mismos rasgos y elementos con los que consiguió el triunfo. La segunda era dotar de carácter propio a su nueva creación, cambiar la base macabra y filosófica por vías diferentes, como puede ser la de un entramado criminal-político, sin dejar de añadir guiños y conservando la esencia de su cuidada y exquisita producción. Ambas opciones iban a ser criticadas con dureza, con el enorme listón que marcó una obra maestra como es la primera temporada. Eligió la opción valiente, ahora sólo queda disfrutar de una serie policíaca de gran calidad, sin importar cuál fue su hermana mayor.