Vista de la sala de exposiciones

Vista de la sala de exposiciones de la Fundación Telefónica.

Jules Verne, Julio para nosotros, recorrió los rincones más inexplorados del planeta sin apenas levantarse de su silla. Es verdad que una vez montó en globo, aunque la experiencia no le satisfizo demasiado, a pesar de ser uno de los medios de transporte que se nos vienen a la cabeza en cuanto hablamos de él. Nunca entró en un submarino, y menos de la talla y elegancia del Nautilus; tan sólo hizo una travesía en transatlántico a los Estados Unidos. Y, por supuesto, no viajó a lomos de un proyectil ni de ningún animal alado hasta la Luna. De hecho, Julio Verne apenas salió de su gabinete en el que escribía mañana y tarde sin descanso. Viajó a través de los libros de aventuras, de ciencias y los mapas que llegaban hasta sus manos. Y viajó a través de su propia imaginación, desbordada y retroalimentada, a los lugares más recónditos de continentes inexplorados, a las blancas extensiones polares, y también, a los puntos más lejanos que pueda concebir el hombre: el astro que ve brillar en el cielo y el corazón mismo de su propio planeta. Estos viajes inspiraron a científicos, exploradores y artistas de todas las generaciones, y es en esta imaginación colectiva y compartida en la que se fija la exposición Julio Verne. Los límites de la imaginación, que abre hoy sus puertas en el Espacio Fundación Telefónica y que podrá disfrutarse hasta el 21 de febrero de 2016.

Alexandre Stevens en la cubierta del Aurora (1914-1917)

Alexandre Stevens en la cubierta del Aurora (1914-1917)

Son veintisiete los personajes cuyas vidas quedaron marcadas por las historias de Julio Verne. Han sido estos los elegidos, pero la lista, consciente o inconscientemente, es inabarcable. Cabría preguntarse si el autor francés, poco o nada reconocido por la academia de la época que lo desprestigiaba por ser un escritor tan popular, llegaría a imaginárse que algunos de los grandes descubrimientos científicos y tecnológicos de la Historia los llevaría a cabo un hombre o una mujer que había crecido con sus historias. Los comisarios María Santoyo y Miguel A. Delgado han repetido la experiencia de aunar cultura y ciencia tras el éxito cosechado en la Fundación Telefónica la pasada temporada con la muestra dedicada a Tesla. “Hubo mucho entusiasmo por parte de las instituciones en cuanto les dijimos que el proyecto era sobre Verne. Y más cuando supieron que éramos los mismos que los de Tesla” contó ayer en la presentación de la exposición Miguel A. Delgado. Entre estos veintisiete personajes influenciados por Verne se encuentran los españoles Isaac Peral, inventor del primer submarino eléctrico, el ingeniero Julio Cervera Baviera, el mecenas Luis Salvador de Austria y el pionero de la aviación Juan Olivert. También está Nellie Bly, pionera del periodismo encubierto y récord en dar la vuelta al mundo en el menor número de días, una pequeña venganza al papel siempre marginal de la mujer en las novelas de Verne. Encontramos, como no podía ser de otra manera, a grandes cineastas que adaptaron las obras del escritor francés como Orson Wells y Meliés. Y también al más prolífico autor de la ciencia ficción, Isaac Asimov, género en el que erróneamente muchos encasillan a Verne, cuyas obras se encontraban más bien en el ámbito de la ficción científica.

Julio Verne escribió su obras en una época, la que va desde la segunda mitad del siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial, en que la raza humana confiaba ciegamente en el progreso. No había lugar aún para las distopías, y eso que, a medida que avanzamos por la obra de Verne hasta que éste culmina en uno de sus predecesores, H. G. Wells, la confianza en la ciencia como motor del avance y la mejora del hombre va poco a poco disminuyendo. Pero hasta entonces, y aún hasta ahora, Verne sigue siendo recordado como el gran explorador de mundos fantásticos a los que llegar gracias a la invención tecnológica. El hombre crea la máquina, y la máquina se convierte en el hombre. En esta exposición, la huella de Julio Verne en estos veintisiete personajes se rastrea a través de decenas de objetos, libros, fotografías e ilustraciones que los comisarios han traído del mundo entero, a excepción, curiosamente, del Museo de Jules Verne en Nantes, ciudad natal del autor. No se trata ésta de una exposición sobre la figura del escritor, recalcaron los comisarios -de hecho, son pocos los aspectos de su vida de lo que nos informan las cartelas de la muestra-, si no de la influencia que su prolífica obra tuvo en el imaginario colectivo, y cómo a veces se transmutó en logros reales. Este discurso lo refuerza el lema de la exposición, que nos encontramos al final del recorrido escrito en un magnífico juego de luces y perspectivas: “Todo lo que una persona puede imaginar, otras podrán hacerlo realidad”. Es una conclusión a la que el visitante llega a medida que avanza el recorrido de la exposición, al ver las fotografías de los exploradores intentando llegar a la Antártida y al centro de África, al ver los grabados de aquellos que imaginaban a los fantásticos habitantes de la Luna, al ver la maquetas de los primeros prototipos de aeroplanos.

Carteles inspirados en las novelas de Verne sobre viajes a la Luna

Carteles inspirados en las novelas de Verne sobre viajes a la Luna

Julio Verne. Los límites de la imaginación es una exposición muy bien pensada y dinámica, como acostumbran a serlas las del Espacio Fundación Telefónica, con un trazado libre guiado, a lo sumo y tan sólo si el espectador quiere, por unos cordeles brillantes que conectan unos objetos con otros y establecen un discurso entre los objetos. Empezamos admirando la belleza artesanal del pequeño globo terráqueo de Monfort, una de las joyas de la exposición, y avanzamos hasta unas primeras ediciones bellísimas de obras como Veinte mil leguas de viaje submarino o De la Tierra a la Luna. Pasamos por un gran montaje de algunos de los personajes más famosos de sus historias, como Nemo o Phileas Fogg y llegamos entonces hasta el personal bestiario de Julio Verne, en el que vemos en una peculiar composición de grabados algunos de los animales -koalas, jirafas, calamares gigantes, dinosaurios…- en los que se basó Verne para escribir sus aventuras. A partir de ahí podemos avanzar por la historia que más nos guste, siguiendo los perfiles de esos veintisiete intrépidos, cada uno en su respectivo campo. En estos “territorios vernianos” encontramos una amplia selección cartográfica de la tierra conocida y la desconocida; los viajeros y sus descubrimientos homenajeados en la sección “trotamundos”; la pasión por el mar, sus vehículos y criaturas, una constante en la obra de Verne; los “desiertos de hielo”, que representaban el límite entre lo conocido y lo desconocido; “flotar o volar” y la divertida disyuntiva entre los defensores de los globos y los de los primeros aviones; y, por último, todas las maneras imaginables de llegar hasta nuestro satélite, logro que Verne nunca llegó a ver.

  • Programa de actividades

La exposición, además, se complementa con un amplísimo programa de actividades  que completan la visión intergeneracional e intergenérica que pretende. Verne tuvo muchísima influencia en otras artes aparte de la misma literatura, como el cine, el teatro, el grabado, la música, las operetas… Este espíritu es el que tratan de recoger los distintos encuentros para niños, jóvenes y adultos que se organizarán desde hoy mismo hasta el próximo mes de febrero. El sábado 21 de noviembre se realizarán tres pases de la obra de teatro negro El pequeño Julio Verne. El 11 de diciembre el Auditorio acogerá Los viajes extraordinarios, un recital para voz y piano que incluirá obras escritas por el propio Julio Verne. El 16 de diciembre, el comisario Miguel A. Delgado debatirá con distintos expertos cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en las novelas de Verne. Y los días 15 y 16 de enero se programará una sesión doble de cine inspirado en las obras del autor.