Fotografía del sarcófago donde está enterrado, según la leyenda, Suleyman Shah / Imagen de un archivo turco

La noche del 21 de febrero de 2015 un convoy con unos 573 soldados, 39 carros de combate y 57 blindados, según el gobierno turco, sale a toda velocidad por la frontera entre Turquía y Siria para adentrarse en territorio de guerra hacia las cercanías del mayor punto caliente de Siria, la zona de Aleppo. El convoy, perteneciente al ejército turco, no avisa nadie, aparentemente, y viola la soberanía siria hasta el municipio de Manbyi, ubicado en el área controlada por Estado Islámico. Una vez allí, recogen a 40 soldados turcos y destruyen un lugar controlado por su propio país, un vestigio de la descolonización francesa, la singular tumba de Suleyman Shah.

Aunque pilla de sorpresa a todos, los turcos habían avisado con algún tiempo, en concreto unos cinco días. Esos cinco días atrás, el Parlamento turco, azuzado por el partido en el Gobierno, la coalición internacional y la llegada del Daesh a la zona del islote otomano en tierra siria, aprueba atacar a los terroristas. Lo que nadie publica, aunque muchos sospechan, es que el primer movimiento en el tablero contra el yihadismo sería esta misión super secreta por una tumba convertida en arma de guerra.

La operación continúa ayudada por las fuerzas kurdas, un hecho insólito, pues son consideradas terroristas por Turquía, hasta mover todo lo que queda de la tumba y recolocarla en Esme, a 200 metros de la frontera con Turquía, bastante más al norte de la colina del mítico rio Éufrates donde llevaba asentada desde 1975. La operación se salda con un muerto “por accidente” y la victoria turca, según el gabinete del todopoderoso Erdogán, al evitar un daño mayor para los intereses de Turquía, y toda la región, y la destrucción de un símbolo de la República. La tumba del legendario Shah deja el tenso anonimato para copar todas las portadas.

El ejército turco marca un nuevo hito en esta guerra llevando a cabo su misión más importante en territorio sirio desde el inicio del conflicto, mostrándose como un actor más en esta lucha, saliendo de la aparente neutralidad total que vendía hasta hace unas semanas. Y no lo hace con un ataque directo contra los yihadistas o las fuerzas de Al Assad, sino por un enclave que es herencia de una leyenda, (no hay ningún cuerpo dentro del sarcófago construido con bastante posteridad) y de unas capitulaciones tras una guerra de la que salieron vencedores frente a unos franceses en plena descolonización. 8000 kilómetros cuadrados de tierra en los cuales los turcos gobiernan y vigilan una tumba fortificada, asentada en un terreno que en ningún tratado se muestra como una propiedad otomana.

El poder de un mausoleo aislado

El lugar se ha convertido en un punto clave durante toda la guerra de Siria, y la defensa de Turquía ha sido tenaz desde que empezaran las primeras luchas entre partidarios de Al Assad y los revolucionarios. Un ataque en el lugar, defendido por una pequeña guarnición de unos 40 soldados, habría desencadenado la más dura respuesta por parte del gobierno nacionalista de Erdogan, según aseguraba el propio presidente desde que empezaran las hostilidades, en 2011. Los rumores y las habladurías sobre el uso de este enclave como arma de guerra han crecido durante los casi cuatro años que dura la guerra de Siria.

Uno de esos rumores fue la excusa perfecta de Erdogan para cerrar Youtube, en 2012. En esa plataforma se publicaron unas conversaciones, supuestamente manipuladas según el gobierno, en las que se escuchaba a varios dirigentes que planeaban atacar la tumba para poder entrar en la guerra de Siria con un motivo claro.

Los rumores no se han acallado y uno de ellos es el que llevó al ejército turco a evacuar la zona temiendo un ataque de Estado Islámico sobre el simbólico lugar que podría dañar la reputación del país como uno de los poderosos de la región. Un ataque del Daesh en el enclave olbigaría a Erdogan a comenzar una lucha contra los yihadistas que podría darle más problemas que beneficios.

La amenaza del Daesh parece haber sido demasiado para un Gobierno turco presionado por todos lados para tener una posición clara e importante en la solución de la guerra de Siria y la lucha contra los yihadistas. El movimiento parece ser un golpe de autoridad de Turquía y un mensaje para todo el mundo, los turcos seguirán siendo neutrales mientras no se toque lo suyo y mucho menos su único enclave alejado de sus fronteras.

La confusa historia / leyenda de la Tumba de Suleyman Shah

 Según cuenta la leyenda, Suleyman Shah murió ahogado en el famoso río Éufrates en 1238, a pocos kilómetros del castillo donde se construyó su primer mausoleo, el Castillo de Qal’at Ja’bar. Pero no fue hasta el siglo XVI cuando sus descendientes deciden homenajearle. Un homenaje que pasa sin demasiados alardes hasta la desmembración del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial, en 1918.

Los terrenos del imperio se los repartieron en los acuerdos Sykes-Picot los ganadores de la guerra, Francia y Gran Bretaña, creando protectorados sin tener en cuenta etnias, tribus ni nada parecido. Turquía se convierte en una república menor, dañada en todo su fundamento y que navega a la deriva anhelando siempre el poder del pasado.

La tumba siempre queda en la memoria de los otomanos hasta que en 1920, en la guerra contra la ocupación francesa, se convierte en todo un símbolo. Los turcos consiguen volver a reconquistar su enclave con la recuperación de la independencia turca. El 20 de febrero de 1921, los franceses, preocupados por el crecimiento exponencial de un nacionalismo turco muy sólido, decide terminar las luchas con el país otomano firmando el Tratado de Ankara.

Mapa del Tratado Sykes-Picot

Mapa de los acuerdos Sykes-Picot de 1916 sobre el reparto de Oriente Medio/ Degeefe

Los europeos consiguen mantener unos cuantos años más su poder en Siria cediendo todo el territorio de Anatolia exigido por los nacionalistas. En el punto 9 de los acuerdos aparece la tumba, los franceses entregan a los herederos del Imperio Otomano, el control aunque no la posesión de un lugar clave a la ribera del río Éufrates.

Pero los periplos del abuelo del emperador Osman I no acaban ahí. En 1975, y sorprendentemente sin acabar en una crisis entre Siria y Turquía, el mausoleo debe cambiar de lugar por culpa de una presa en el lago Assad y pasa al enclave que tenía hasta que los turcos llegaran el pasado 21 de febrero para hacer más grande si cabe la leyenda del único territorio soberano fuera de sus fronteras. Una tumba clave por su lugar en la vida.