Fotografía del equipo de asesores de WeCollect Club

Fotografía del equipo de WeCollect Club

¿Alguna vez ha pensado en coleccionar arte? Libros, películas y discos de música los encontramos en la estantería de casi cualquiera. Parece ser que hay artes que se han adaptado mejor al consumo de masas. Pero si uno gusta de las Bellas Artes, además de ir a un museo, ¿qué le queda? ¿Cómo solucionar ese arrebato de posesión individual? Cierto es que siempre nos quedarán las láminas del beso de Klimt y las figuritas en escayola de los personajes del Guernica. Pero no es lo mismo. Lo miras, y sabes que no es real. Que su valor artístico es el mismo que el del cuadro de un cesto de naranjas que viste en la tienda de decoración. Pero, ¿y si quieres poseer -porque coleccionar, al fin y al cabo, no es más que el afán egoísta de pertenencia exclusiva- una auténtica y original obra de arte? ¿Ya sea clásica o contemporánea? ¿Y si, además, te planteas cosas tan graves como que tu gesto de coleccionar ayuda a sustentar un engranaje que da trabajo a miles de personas? Puede que haya llegado el momento.

Pero hay algo en este arte que no se adapta al consumo de masas, no más allá del merchandising -tazas, bolsos, marcapáginas…- de los museos, que sigue provocando cierto rechazo. La visita al museo se ha democratizado. Se adaptan a los perfiles, celebran sus noches blancas con entradas gratuitas, reúnen larguísimas colas -aunque casi todo sean turistas-. En los últimos años, ferias de arte emergente como Room Art Fair o Art Madrid han conseguido incluso atraer a aquellos aficionados que las entienden, más que como un lugar de compra, como una reunión del arte que se está creando en nuestro tiempo. No es mala idea. Pero, ¿y qué pasas con las galerías? Hay mucha gente que aún no entiende el concepto de un negocio con cientos de años de antigüedad. Entran y preguntan: ¿pero esto se compra? Sí, se compra, porque el mundo del arte, además de de las entradas, vive de la compraventa de arte. Por otra parte, negocio éste  igual de castigado por el IVA cultural que muchos otros, a pesar de los tejemanejes de prescindir del intermediario -es decir, del galerista- para acogerse a un tipo más bajo: en vez de un 21%, un 10% si la compra de la obra es directa.

Aun con todo los supuestos inconvenientes, en España se colecciona arte. No tanto como en otros países europeos, pero el hábito existe. Y para aquel aficionado que siempre haya rondado la idea del mecenazgo, pero que se haya sentido abrumado ante tanta oferta dispar y tanto nombre desconocido, acaba de nacer un club ideado para él. We Collect, una asociación de distintos expertos en el mundo del arte, se creó con el ánimo de servir de guía a los coleccionistas, ya sea a los no iniciados como a los veteranos, a través de distintas actividades programadas durante el año. Su afán es que el hábito de comprar arte se extienda lo máximo posible.

“No es necesario coleccionar arte para disfrutarlo, por suerte es una de las aficiones más democráticas que conozco y perfecta para estos momentos donde mucha gente tiene dificultades económicas. Todas las galerías de arte son gratis y todos los museos tienen un día de acceso libre“, nos explica Enrique del Río, el impulsor de We Collect Club. “Todos tenemos paredes en casa que necesitan ser vestidas y si tenemos la posibilidad de hacerlo, supongo que a todo el mundo le gustaría tener algo de calidad que tiene el visto bueno de expertos que saben de lo que hablan en lugar cualquier cosa colgada elegida al azar y sin criterio, es algo que va en el ser humano querer algo bueno en lugar de algo malo, algo mejor que algo peor.

Si a esto le añades que esa pieza puede emocionarnos al mirarla y darnos un placer estético a nivel visual le das aún más valor. Conozco a coleccionistas que se siguen emocionando al ver sus piezas colgadas aunque pasen los años, es algo muy habitual. Además, para completar el círculo hay que explicar que comprar arte es una inversión económica que si se realiza bien asesorado es muy segura, el buen arte se revaloriza con el tiempo. Dicho esto, muchos de nuestros socios que no coleccionaban y que se han animado a hacerlo han descubierto todo un mundo relacionado con los artistas, las exposiciones, inauguraciones, relaciones sociales con otros coleccionistas, ferias, viajes, etc. que en muchos casos les aporta mucho más a su vida que el propio hecho de poseer y almacenar las obras, es un mundo muy completo que aporta muchos beneficios personales además de los económicos”.

Obra de Mario Soria en JustMad (Raquel Moraleja)

Obra de Mario Soria en JustMad (Raquel Moraleja)

Pero, ¿y cómo saber qué comprar? En los nombres de los artistas -su formación, su trayectoria, su repercusión en la prensa, su precio de venta…- está la clave. We Collect Club sostiene el éxito de un coleccionista en tres pilares: ver mucho arte, estar bien asesorado y contar con una formación específica en arte y coleccionismo. Este club promete encargarse del todas las necesidades organizando una agenda que ocupa algunos días de casi todas las semanas del año: visitas a estudios de artistas, a galerías, cursos de formación, asesoría directa en la compra de una pieza… “Una buena colección se fundamenta en la calidad de sus obras. Si una colección tiene buenas piezas podremos hablar de discursos entre ellas, de una línea coherente, de un nexo común, de la relación del coleccionista con ellas, de su valoración económica, de su contexto histórico… pero si las obras no tienen calidad suficiente da igual todo lo demás. Esto es más bien desde un punto de vista más técnico o de alguien que ve y juzga una colección desde fuera, pero en realidad el valor de una colección se lo da el propio coleccionista y cada uno compra según su criterio o intereses”, explica del Río.

Podría decirse que existen tres tipos de coleccionistas de arte: los que compran obras para disfrutarlas en la individualidad de su casa, los que las compran con un objetivo socio-cultural como crear una pequeña fundación de cara al público, y los que compran arte para especular -a veces esto último lo hacen los propios artistas, véase Jeff Koons-. Aunque el asesoramiento personal y las actividades del We Collect Club son pioneras en España en cuanto al acercamiento del público a la actividad del coleccionismo, aún se sigue pensando, y puede que acertadamente, que la compra de obras de arte dista mucho de ser la de un libro.

“Personalmente el arte me parece efectivamente una actividad elitista, pero más por el nivel cultural y la sensibilidad que requiere este mundo para apreciarlo que por el coste económico que supone. Comprar una pintura original de Antonio López es inaccesible para la mayoría de bolsillos pero comprar una obra gráfica suya cuesta menos que un iPhone, es una cuestión de prioridades. El tema es que de Apple sabe todo el mundo, de arte no; por eso es tan importante la parte de formación del club, con la que intentamos que nuestros socios adquieran los conocimientos y las habilidades necesarias para sentirse cómodos en el mundo del arte. Dicho esto, no cabe duda que cuanto más dinero tienes más puedes disfrutar del coleccionismo de arte, pero eso pasa nos guste o no con todas las aficiones: si te gusta viajar disfrutarás yendo a Segovia pero supongo que lo harás mucho más si puedes ir a Japón, y también si en lugar de una vez al año puedes hacerlo cinco” opina del Río. Y si no, siempre nos quedarán las postales de Van Gogh.