Advertencia general: El artículo incluye spoilers de ciertas películas aunque siempre se menciona antes su título. También se refiere a secuencias que no todo el mundo será capaz de asimilar y entender por su elevada dosis de violencia.

Al principio fueron las vísceras. Casquería de los mayores expertos en maquillaje y efectos especiales capaces de causar nauseas al estómago más asentado. Una deriva ansiada por un nutrido grupo de espectadores que demandaban –y demandan- escenas tan brutales que te hiciera apartar la mirada del televisor o refugiarte entre los respaldos de la sala del cine del barrio. Una faceta que desde que el color entrase en escena ha ido ganando adeptos. Lo oscuro siempre tuvo su rincón en las artes plasmado en la pintura o la literatura, la llegada de un medio que permitía potenciar a través de las imágenes los mayores horrores inimaginables trajo consigo el nacimiento de un subgénero de terror como el gore. Sin embargo, el espectador poco a poco se acostumbró a la sangre a borbotones, a litros y litros de viscoso liquido rojo plomizo que salía de las entrañas del zombi de turno.  El gore seguía siendo demandado, pero ya no es rompedor.  El género de terror en la gran pantalla contó con un antes y un después tras El Exorcista (1974). La cinta de William Friedkin comenzaría con el denominado terror psicológico, donde importaba más lo que no se veía, lo que el espectador imaginaba, un silencio, una pausa, el miedo al qué habrá. Los límites se habían roto, ya no bastaba con tripas esparcidas, había que conseguir que la gente se tapara de nuevo los ojos.

Holocausto caníbal (1980) paso a ser uno de los grandes ejemplos al poco de ser lanzada. Una cuidada campaña de marketing fue suficiente para que países como Reino Unido o Italia –de donde era originaría- pusieron grandes restricciones para el visionado de la cinta. De hecho, se llegó a especular con la posibilidad de que las grabaciones que se observan durante la película fueran reales, hecho desmentido y probado tras una gran y lógica controversia que elevó a mito el trabajo de Ruggero Deodatto.  Fue en gran medida el cine europeo el que encabezó las películas más siniestras y espeluznantes que se recuerdan. La violencia era evidente, pero se buscaba dar un paso más, la morbosidad total. Otro episodio fue Nekromantik (1987), Jörg Buttgereit dirige este film alemán que narra la historia de una pareja que recurre a la excitación con miembros de cadáveres a la hora de mantener relaciones sexuales entre ellos. Es considerado la primera película sexual sobre la necrofilia y desde luego la más famosa. Con una fotografía que recuerda a la serie B, confirmaron que todo es a base de maquillaje y efectos especiales con maniquís. Pese a todo hay escenas sumamente desagradables para el espectador medio -sólo aptas para los estómagos de piedra- como tomas de sexo con cadáveres en alto estado de descomposición.

Una mirada a sí mismo

El propio cine se fijó en su industria con dos títulos más que interesantes dentro del estudio de la violencia en las pantallas. La primera es la encumbrada Tesis (1996), ópera prima del director Alejandro Amenábar. Rodada esencialmente durante un verano en la facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid la película es un thriller clásico que se centra en una red bajo cuerda de películas snuff –término utilizado para secuencias en las que se torturaba y mataba a personas reales para luego vender las cintas- en los interminables pasillos subterráneos de la facultad. El mensaje final de la historia es que el morbo, las ganas de ver la violencia en estado puro acaba por imponerse en la sociedad y que la llegada del mass media no ha hecho más que intensificar el fenómeno. La segunda es la inexplicablemente menospreciada por la crítica Asesinato en 8 milímetros (1999) u 8mm, a secas. La historia cuenta con la mejor versión de Nicolas Cage como protagonista; un detective privado de poca monta se mete de lleno en el oscuro  mundo de las películas snuff pasando por la pornografía más dura que ni se imaginaba que existía. Círculos ocultos, trasteros de videoclubs a los que solo se accede con contraseña y crímenes de por medio. Una misma reflexión que Tesis, con un estilo más ‘hollywodiense’ pero que no resta valor a una lograda cinta.

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Imagen promocional de ‘El ciempiés humano’.

Durante el siglo XXI, la proliferación ha sido tendencia. Por un lado mediante grandes apuestas de directores considerados visionarios y rompedores por unos a dementes por otros. Ahí sobresale Lars von Trier. El cineasta danés se ha convertido por méritos tanto fuera como dentro de las pantallas en uno de los directores más aclamados y odiados a partes iguales. En Anticristo (2009) una oscurísima historia se mezcla con altas cantidades de sexo y violencia explícita. Escenas tan fuertes y desagradables como una eyaculación de sangre o la automutilación del clítoris del personaje femenino. Las críticas fueron dispares, como viendo habitual en su cine, pero dentro de tan macabras secuencias existe cierta conexión interesante por la que merece la pena darle una oportunidad más allá de las escenas pasadas de tono.

Por último sería justo dar a internet al lugar que se merece como gran precursor del género. Los foros, las redes sociales etc., han servido como perfecto caldo de cultivo a la hora de elevar películas teóricamente malas en cintas de culto. Si Sharknado se convirtió de la nada en un espectáculo divertido y vulgar, El ciempiés humano: Primera secuencia (2009) mostraba que el límite del horror siempre puede ser superado. La premisa es sencilla, típico doctor loco sueña con crear su propio monstruo, en este caso un ciempiés humano. ¿Cómo? Cosiendo la boca al ano entre tres personas formando una cadena. Tom Six, director holandés, se dio a conocer mundialmente con esta cinta. La fama que alcanzó la película consiguió que se rodasen y estrenasen dos secuelas, El ciempiés humano: Secuencia entera (2011) y El ciempiés humano: Última secuencia (2015). Básicamente, el argumento se hace más desquiciado a cada cual y se van añadiendo más personas al ciempiés humano así como demás situaciones y escenas extremadamente desagradables.

A veces, sólo se trata de ver donde está nuestro límite personal antes de cerrar los ojos. Otras simplemente es comprobar que de verdad existe eso. Incluso hay quien sin tapujos afirmara que disfruta con ello. Todo está a golpe de click, la morbosidad siempre encuentra amigos.