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Wes Craven realizando un cameo en Castle.

En Los Ángeles, donde años atrás se trasladó para cumplir su vocación, el cine, Wes Craven murió a causa de un cáncer cerebral. A sus 76 años, y a pesar de la enfermedad, su actividad no había cesado y se encontraba inmerso en numerosos trabajos tanto cinéfilos como televisivos. A él se le deben noches sin dormir y sueños trastocados. Porque, al fin y al cabo, las pesadillas sueños son.

Aterrorizó las mentes de varias generaciones cultivando casi todos los recovecos de un género tan enquistado como el cine de terror. Prácticamente tocó todas sus facetas, aunque siempre mirando hacia una filosofía comercial: Wes Craven creaba monstruos, pesadillas. De sus manos nacieron seres capaces de meterse en tus peores sueños, de llamar a tu casa –cuando todavía se usaban los números fijos- para avisarte de que estabas a punto de ser asesinado. Este profesor de Filosofía acabó convirtiéndose en uno de los directores más respetados de Hollywood. Sí, a base de sangre y sustos.

Con aquella aterradora y salvaje película llamada La última casa a la izquierda (1972) Craven se estrenaba como director de cine tras haber realizado pequeños trabajos audiovisuales con anterioridad. La película, que rápidamente fue considerada de culto y que tuvo en el 2009 el reglamentario –y peor que la versión original- remake, no era una historia de miedo al uso, pero dejaba ver los primeros rasgos que marcarían el cine de Craven. Adolescentes en busca de emociones se encontraban con unos jóvenes sedientos de violencia, una ecuación que se repetiría hasta nuestro tiempo, siendo la base de las películas ‘slasher’. Un subgénero que se inició con obras de los años sesenta, Psicosis puede considerarse un preludio de la temática, pero que tuvo su auge y época de mayor difusión a partir de los años setenta y ochenta.

El podio de psicópatas a los que todo el mundo pone cara –incluso sin haber visto ninguna película-  lo formarían Freddy Krueger, Jason Voorhees y Ghostface –asesino/máscara en la saga Scream-. De esos tres, dos son creaciones de Wes Craven, lo cual demuestra el impacto de su perdida para el cine de terror. De hecho, Craven es una de ‘Las tres C’s’, expresión utilizada para reconocer el trabajo realizado por David Cronenberg, John Carpenter y Wes Craven, que sostuvieron y rediseñaron el género en los años ochenta. La leyenda del director nacido en Cleveland tuvo en aquel asesino de sueños su principal catalizador. Tras haber dirigido ya varias películas, incluidas la original Las colinas tienen ojos, no sería hasta 1984 cuando Freddy Krueger cobrase vida con el clásico Pesadilla en Elm Street. Craven daba una vuelta de tuerca al concepto de pasar miedo, a un psicópata se le podría combatir, pero ¿qué hacer contra un monstruo que nos persigue mientras dormimos? Krueger era un antiguo asesino de niños que, al ser descubierto, fue quemado vivo. Resucitó como un ente capaz de provocar y meterse en las pesadillas, con cuchillas en los dedos y el rostro deformado y quemado. Su llegada incluía el terrorífico hilo musical cantado por un coro infantil: “Uno, dos, Freddy viene a por ti… … Nueve, diez, no volverás a dormir…”.

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Wes Craven, vestido como Freddy Krueger, interpretando al conserje en Scream.

A pesar de ser el padre de la criatura, Craven sólo fue el director de dos de las películas de la saga, que suma la decena en total, la primera y la séptima, La nueva Pesadilla en Elm Street de Wes Craven (1994). En la última, alejada de la línea marcada por la saga –es la séptima cronológicamente según su estreno- Freddy es el villano de una serie de películas de terror, cobra vida y decide acabar con el casting y con los participantes en la película. Craven siempre disfrutó con el juego de la cuarta pared, lo cotidiano y los mitos dentro del género.

El otro gran pilar fue la saga Scream, que entre 1996 y 2011 estrenó cuatro películas, las cuatro dirigidas por Wes Craven. Si Freddy Krueger representaba el horror en estado puro, Scream nacía como una nueva forma de afrontar las carencias y repeticiones del género. Un asesino atacaba a los jóvenes de la localidad ficticia de Woodsboro, pero lo hacía sin fuerza ni capacidades sobrehumanas, armado con un cuchillo afilado, un distorsionador de voz, grandes dosis de locura y una máscara conocida como Ghostface. La auto referencia y en muchos momentos la auto parodia son las claves del éxito de la saga. Por supuesto quedó guardado en las pupilas de una generación la escena inicial de la primera de las películas, cuando una joven rubia –Drew Barrimore, una estrella del momento- que se dispone a hacer palomitas ante la llegada de su novio recibe una extraña llamada de un hombre que quiere someterla a un juego. Consiste en saber si ella es verdaderamente fan de las películas de terror realizando un rápido cuestionario de preguntas y respuestas con un irremediable destino, la muerte. Neve Campbell nunca pudo quitarse el estereotipo de heroína adolescente que huye de un psicópata. A su vez la cinta sirvió para que el futuro matrimonio Arquette, Courteney Cox y David Arquette, se conocieran.

Scream 4 fue la última película de Wes Craven como director, que consiguió reunir 15 años después a los protagonistas –todos están involucrados en la saga al completo- para una nueva ola de asesinatos.  En la actualidad su faceta como productor tenía en Scream, la serie su gran proyecto. Craven también tuvo tiempo para interpretarse a sí mismo en un episodio de Castle. Demostrando que para vivir del miedo, lo primero es tener mucho sentido del humor.